El pan de elote
Llegan a casa agotados y cargando las bolsas del súper. Él viene ansioso por probar el pan de elote que trajeron de postre; lo desenvuelve y está a punto de darle una mordida cuando ella se lo impide y le dice: ¡nooo....hay que calentarlo!
Él duda un momento pero cede pues admite que ella tiene razón: sabe mejor caliente.
Mientras el pan se calienta él nota que ella anda rara... decide ir a lavarse las manos pero ella le ataja el paso y sin más lo interpela: “yo no voy a ponerme a decirle a nadie cómo debe vestir... pero es el colmo que las muchachitas anden casi encueradas con esos shortsitos !“... Él la mira confundido y ella sigue: “como esa nalgona hace rato en el súper...me incomoda mucho que tú en vez de evitarla, vas y pasas bien cerquita que casi la tocas... y te estacionas a escoger limones justo detrás de ella... muy conveniente, se te olvidó que tú ni sabes escoger los limones y siempre me encargo yo.... mira, todos amarillos!”
Sorprendido, él mira los limones rodando sobre la meseta y no entiende nada...preocupado, mira el pan de elote quemándose y entiende que esa noche no habrá postre.