lunes, 23 de febrero de 2026

"El Pipo therian", de Luis Miguel Ojeda

  

 

—¡Pipoooo! ¡No jodas, hijo! ¡Te volviste a mear en el tapete!

              —¡Pues sí, dejaste la puerta de la terraza cerrada cuando te fuiste al super y no pude salir!

              —¡No, no! ¡Periodicazo no, papá! —dice al ver a su padre enrollar el diario.

              —¡Ah, pues si prefieres, te embarro la cara en tus meados!

              —¡No, papá!

              —Última vez que te la paso, Pipo, portarse mal tiene consecuencias; hoy te tocaba sobre, pero no te lo ganaste y voy a llamar a René para que no venga a pasearte. ¡Hoy te quedas sin salir!

              —¡Qué mala onda; la puerta estaba cerrada! Y mira —dice sacando las compras de las bolsas del súper— más castigo: me trajiste las croquetas de cordero con verdura. ¡A mí me gustan las de pollo y cereales! Estas me estriñen y cuando estoy constipado y se me queda pegada una bolita tengo que hacer cochecitos y duele.

              —Sí, lo de las croquetas es otra consecuencia, pues vino a quejarse Martha la mamá de Paola, dice que ayer que saliste con René te le echaste encima porque le querías oler “la colita”. Ni siquiera con el collar de castigo te podías controlar. ¡Es la tercera vez que una vecina se queja de lo mismo! Creo que ha llegado la hora de dar el siguiente paso.

              —¿Cuál paso, papá?

              —Ven que te mido el cuello.

              —¿El cuello? ¿Para qué?

              —Para la medida que necesitarás de cono de la vergüenza,

              —¿Cono de la vergüenza? ¿Para qué?

              —Para que te controles de aquí al viernes. A las 10 a.m. tienes cita con el veterinario y después no volverás a molestar a ninguna vecina.