miércoles, 30 de enero de 2019

Avance de cuento. Miguel Miranda


Con la vista nublada alcanzas a percibir un charco desenfocado, lleno de sangre, que al parecer es tuya. Un zumbido como de tetera a la distancia te cala los dos oídos y los pasos que se alejan son un eco reverberante. Sabes qué pasó pero no cómo ha sucedido. El vértigo te atrapó en la refriega donde escuchaste las ráfagas de plomo y te machacaron las patadas cuando tocaste el suelo húmedo de jitomates aplastados y caca de perro. Percibes que te estás muriendo, a pesar de la nubazón en tus ojos no sientes dolor, simplemente hay un vacío en tus entrañas donde tus vísceras encuentran cauce. Cauce de muerte. No quieres cerrar los ojos, quieres apercibirte consciente en lo que la parca viene por ti. Quieres mandar a la chingada la entrada del túnel que te llevará al más allá. Vas a pelear. No te quieres morir. Todavía no es el momento. No puedes dejar este mundo ahora, cuando parecía que tu suerte cambiaría después de la tarde del café. Intentas concentrarte en el zumbido de tus oídos pero no puedes, ahora el charco de tu sangre se ha puesto gelatinoso y lo que te queda de vista se vuelve poco a poco al blanco y negro. El zumbido persiste y la tonalidad es de un silbido, lo que te queda de vista es azul, y a veces roja, y luego azul y luego roja y el zumbido es, por momentos, una sirena. Tu vista se va. Lo último que escuchas es la sirena que se entromete en to consciencia. Vas a morir. Pero te despierta la voz del Zeus.
—¿Qué pedo pinche Dioni? No mames cabrón, no te vaigas a morir güey.
Tú no contestas nada. Estás en ese letargo de los moribundos. Te encuentras naufragando en un limbo azul, subterráneo. Hay algo en esa voz que te recuerda tu niñez, tu juventud llena de pendejadas lindas y perversas. Puto Zeus, piensas ¿y si le hago la malobra de morirme para que se pique la puta cola? Pero no te estás muriendo. A pesar de los fluidos que ya empaparon hasta el último cachito de tus ropas de barata de Suburbia, sientes un hálito que te insufla vida.
Pero qué necesidad, para qué tanto problema. Ah Ah, Ah Ah. Puto Zeus ¿qué haces aquí? Piensas. No te necesito cabrón. Hoy en la mañana entregué todo el whisky chimbo que me pidieron en la Zonaja. ¿es eso una ambulancia? Y un camillero te hace las preguntas con acento en protocolo. Respondes cómo te llamas, cuándo naciste y cuando te ponen una concha entre la boca y la nariz recuerdas que hoy es miércoles, tal vez ya sea jueves, que vendes licor adulterado y que te atacaron los malos. No sabes cómo pero sí por qué; tu carne en la acera sabor a jitomate y caca de perro lo constata. Y sabes que el puto Zeus está aquí, con su uniforme y todas sus estrellitas de plomo. Puto. Mierda. Culero. Ahora te ve con ojos de perro manso, cuando fue él quien te pateaba de niño. Bésame la cola, culero. La ambulancia huele a limpio, a más que Cloralex. En el estéreo suena Juan Gabriel que te canta a bocajarro: ¿Pero qué necesidad Ah Ah? ¿para qué tanto problema Ah Ah? ¿Dónde chingaos está el pinche túnel? piensas, mientras la conchita de plástico que tienes entre la boca y la nariz, te insufla algo más rico que el activo que te metías de niño.

domingo, 27 de enero de 2019

Borrador Margarita Anzures


Margarita Anzures                           Cancún, Q. Roo a 19 de enero de 2019.

Título:       Su Nombre era Beatriz…            (¿?)

Capítulo 1
La tragedia fue la tinta que escogió la vida para escribir la historia de las dos hermanas.
La madre, Irene, muere de un infarto dejando a Roberto ahogado en un mar de dolor y a sus pequeñas hijas, Gabriela y Beatriz, con tan sólo tres y dos años de edad.
Gabriela, con sus ojos verdes y cabellera castaña era la viva imagen de su madre, española de nacimiento; mientras que Beatriz, heredera del origen chino de su padre, tenía el cabello y ojos de un color negro tan intenso que resaltaban sus mejillas de pálida porcelana oriental.
Al enviudar, Roberto no es capaz de manejar la pérdida y desaparece por varios días, dejando a sus pequeñas hijas en la casa de su madre viuda, (nombre chino).
Cuando por fin regresa, es solamente para comunicarle su decisión de ir a Europa y que solamente llevará con él a Beatriz pues no soporta ver en Gabriela el rostro de su esposa muerta.
Entonces la niña queda al cuidado de una abuela agobiada por el peso de la responsabilidad que su hijo deja sobre su cansada espalda.
Gabriela crece cuestionándose el abandono de un padre que poco a poco se convierte en un vago recuerdo.
Pasan los meses y (la abuela, nombre chino) no ha recibido noticias de su hijo Roberto.
Susana, hermana menor de Roberto, casada y con 3 hijos, viaja con su esposo y la pareja muere en un accidente aéreo dejando huérfanos a los tres niños que también terminan al cuidado de la abuela.
El único paseo al que (la abuela) llevaría a sus 5 nietos huérfanos todas las tardes sería al panteón, a visitar la tumba de su hija; donde ella lloraba desconsolada sentada sobre la lápida, mientras, los niños jugaban a las escondidas entre las tumbas…..
En la mente de Gabriela quedaría por siempre la imagen de la hierba que rodeaba la tumba de su tía Susana, extraordinariamente verde y crecida gracias al llanto de su abuela.

Capítulo 2
Roberto se embarca hacia España con su hija Beatriz, con la intensión de que un amigo de la infancia, que había heredado un campo de olivos, le diera el trabajo que le había ofrecido años atrás, cuando aún era soltero.
Ya en España, caminando por la calle rumbo a la estación de trenes, padre e hija se ven en medio de un ataque terrorista.
Roberto muere instantáneamente a causa de la explosión y Beatriz queda gravemente herida bajo algunos escombros.
Caos, gritos, gente que corre, brazos voluntarios retirando escombros… algún héroe rescata a Beatriz con el vestidito roto y ensangrentado.
Una monja huye del lugar a paso apresurado; el héroe la ve y le entrega a la niña pidiéndole que ella se haga cargo pues él debe continuar removiendo escombros.
La monja no sabe si correr al hospital más cercano, esperar a que lleguen los servicios médicos o llevarse a la niña al convento ubicado apenas a dos calles del lugar para darle la atención urgente que a todas luces necesita.
Decide llevarla al convento y la niña se salva.
Cuando la niña se ha recuperado un poco y le es posible contestar a las preguntas de las monjas, dice llamarse Beatriz y que estaba con su padre.
Las monjas limpiaron la única posesión de la niña y la volvieron a colocar a su cuello. Un medallón demasiado antiguo y evidentemente muy valioso para ser usado por una niña tan pequeña, pero que serviría para que alguien la reconociera al verlo.
Sor Angélica propone a la Madre Superiora que permita que Beatriz la acompañe todos los días al mercado con la esperanza de encontrar algún familiar suyo en esa área cercana al atentado.
Pero pasan los años y ni el padre ni ningún otro familiar reconocen o buscan a Beatriz.
La niña crece en el convento y las monjas se vuelven su única familia.

Capítulo 3
En México, Gabriela crece y a los 17 años conoce a Miguel y se casan.
(Historia de Miguel, sus padres, la beca, etc.)

Capítulo 4
Beatriz crece y poco a poco, las monjas le permiten salir sola al mercado.
Un día conoce a Marco, un joven inmigrante italiano que tiene un puesto en el mercado.
Marco y Beatriz se enamoran y él le pide que se casen.
Beatriz se cuestiona si hace bien en querer abandonar el convento para casarse y son las monjas las que la animan a hacerlo e iniciar su propia familia.
Beatriz y Marco se casan y tienen una niña a la que dan el nombre de Eva.
Beatriz lleva frecuentemente a su hija a visitar a las monjas del convento y la niña crece considerándolas la familia de su madre.
Cuando Eva cumple 12 años su madre le regala su más valiosa posesión: el medallón.
  
Capítulo 5
Gabriela tiene dos fallidos intentos de embarazo y finalmente logra tener un hijo después de 10 años de casada. El niño, que hereda los rasgos orientales de su bisabuela paterna muere de una enfermedad congénita incurable.
Gabriela, que ya no puede volver a embarazarse, queda destrozada.
Miguel le propone que adopten un niño, pero Gabriela le dice que tendría que ser de un país muy lejano para que no cupiera la mínima posibilidad de que la madre biológica se arrepintiera y los separara. Que ella ya no podría soportar una pérdida más….
Miguel no está de acuerdo, pero Gabriela insiste en la locura de cruzar el mundo y llegar hasta Asia. Quiere adoptar un niño cuyos rasgos le recuerden a su hijo.

Capítulo 6
Marco comunica a Beatriz su sueño de llevarlas a su pueblo natal en Italia. Quiere buscar a su familia y que ellas la conozcan.
El viaje a Italia es bello, Beatriz y Eva, que nunca habían salido de España lo disfrutan enormemente pero el encuentro con sus familiares nunca se da, pues ya nadie quedaba en el pueblo que estuviera relacionado con Marco.
La familia regresa a España y el tren en el que viajan se descarrila.
Los padres mueren pero Eva resulta milagrosamente ilesa.
La niña camina lejos del lugar del accidente hasta encontrar alguien que la ayude.
Pide ser llevada al único lugar que le queda, el convento.
Al llegar, cuenta a las monjas lo sucedido y ellas no pueden creer que la historia se repita.
Tratan de obtener noticias de sus padres y, en efecto, los informes de víctimas del descarrilamiento confirman sus muertes.
Eva queda al cuidado de las monjas, que ahora son realmente su única familia.

Capítulo 7
Gabriela emprende el viaje en busca de “su hijo”.
Primero piensa pasar a conocer el país de origen de su madre.
En el vuelo a España, conoce a una monja que se dirige a un convento y Gabriela le platica toda su vida.
La monja le sugiere que antes de seguir su largo viaje, se quede unos días en el convento para sanar su alma, perdonar el abandono de su padre y reflexionar acerca de los motivos de su búsqueda de un hijo.
Gabriela agradece la invitación pero, pese a haber hecho una profunda conexión con Sor María, una vez en España, decide continuar su viaje y ni siquiera pasa a despedirse de ella al convento.

Capítulo 8
Gabriela llega literalmente hasta China y no encuentra su niño soñado…..
Regresa muy triste a España y decide que esta vez sí se quedará unos días en el convento a recuperarse del vacío que siente en el alma.
Ahí conoce a Eva y le impacta la tristeza que descubre en sus ojitos rasgados, ojitos que inexplicablemente le recuerdan los ojos tristes de su abuela (nombre chino).
Gabriela no se atreve a adoptar a Eva pues le avergüenza su anterior intención de reemplazar a su hijo.
Sor Angélica la convence de que Eva la necesita mucho, pues aunque su madre creció muy contenta en el convento, y la niña las consideraba como tías, el hecho de haber perdido a sus padres, y su hogar, ha sido una experiencia muy traumática y ahora vive muy triste ahí.
Gabriela poco a poco se gana la confianza de Eva y al fin la adopta y regresa con ella a México.
(Nota.- Las monjas no tienen documentos suficientes de los padres de Eva. Especialmente de Beatriz, que llegó en brazos de Sor Angélica y por lo tanto Gabriela no se entera de los nombres de los padres de Eva).

Capítulo 9
Ya en casa, un día el medallón cae al piso y se parte en dos como una nuez.
El interior contenía las fotografías de una pareja de novios en su boda. La novia usando el medallón.
Gabriela busca en el baúl que le dejó su abuela y encuentra la foto de boda de sus padres.
¡Increíble! ¡Son sus padres!
Gabriela corre al jardín donde juega Eva y le pregunta:
Eva, ¿Cuál era el nombre de tu madre?
Y Eva le contesta: 
Su nombre era Beatriz.

Fin

miércoles, 16 de enero de 2019

SESIÓN 1: Ejemplo de trama


Estimados cachorros escritores,
A continuación presento un ejemplo de cómo resolver la trama de una historia. En este caso la trama está basada en el Mito Dionisiaco; la historia del dios del vino, y la trama es una consecuencia:


Mito dionisiaco
Zeus tiene amoríos con Sémele. Él es el dios del trueno y ella una mortal. Hera, esposa legítima del dios, se involucra con Sémele, se hace amiga de ella. Cuando tiene una oportunidad, le dice como si fuese una confidencia: “Zeus es dios del trueno”. La amante pide a Zeus que le demuestre que realmente es una deidad; él se niega en un principio pero Sémele sabe cómo sacarle la verdad: Zeus entra en personaje y al demostrarle sus talentos como dios, fulmina a su amante, matándola en el acto.
Sémele estaba embarazada y al verla muerta, Zeus extrae el feto de la madre y lo transfunde a su muslo. A término, el dios del trueno pare a Dionisio. Para evitar los reproches de Hera, Zeus regala el bebé a Sileno, quien lo cría y le enseña labores de pastoreo de cabras.
Pasan los años, el niño crece y descubre que el jugo de uva, al dejarlo fermentar, se convierte en vino; Dionisio es pues, el descubridor de las bebidas espirituosas poniéndose la primera borrachera de la historia en compañía de Sileno, quien será su fiel acompañante hasta el final y de las ninfas ménades, quienes lo participaron en su crianza junto con el dios Pan. Dionisio es un semidiós.
Sin embargo Hera, quien sabe de la existencia del semidiós bastardo, hace gala de su poder enviando a los Titanes a matar a Dionisio, quienes lo asesinan con brutalidad, descuartizándolo en mil pedazos. Atenea, media hermana de Dionisio, recoge su corazón aún palpitante de los despojos y se lo entrega a su padre Zeus quien lo devora otorgándole así, la inmortalidad a Dionisio, y por esto, redimido en dios, a quien se le rendirá culto en las fiestas dionisicas o bacanales.

Trama posible.
Cósimo González, alias El Zeus, es un policía judicial que tiene amores clandestinos con Samuela. La esposa del Zeus, Melitona, también conocida como Doña Meno, está al tanto de las aventuras de su marido y lejos de confrontarlo, se hace amiga de Samuela, a quien le incita para que drogue al Zeus prometiéndole horas de placer multiorgásmico. Al hacerlo, Zeus tiene una sobredosis y balea a Samuela, quien es llevada al a Cruz Roja. Ella sobrevive sin saber que estaba embarazada del Zeus, pero las secuelas del ataque se traducen en una locura permanente. Dionisios, producto de esa pasión, es criado por los tíos de Samuela, quien morirá a la postre.
Dionisios crece en Azcapotzalco, trabaja de pesero y luego vendiendo bebidas alcohólicas adulteradas, hasta que Doña Meno, lo manda matar con un grupo de zetas que le deben favores. Sin embargo, el Zeus, quien sobrevivió a la sobredosis y se alejó de Doña Meno odiándola para siempre,  se ha convertido en jefe de la policía. Rescata a Dionisios que está malherido y al recuperarse, lo integra a la policía como comandante.