La musa de la inspiración.
En su
casa se respira paz y aroma a café. La escritora está sentada en una mesa
frente al jardín, y se puede ver el gusto que siente al disfrutar el segundo
café de la mañana. En la mano sostiene un lápiz con el que tamborileaba la
libreta que tiene abierta, donde no hay nada escrito. Espera a la musa de la
inspiración, que parece no tener intenciones de llegar.
Una
mujer se acerca a ella y le dice algo con voz suave. La paz de la escritora
desaparece, de forma abrupta se levanta y camina a toda prisa al jardín. Un
pequeño animal ha caído a la piscina. En un inicio la mujer lo ve sin saber qué
hacer. El animal, con forma de rata gigante casi sin pelo, nada desesperado de
un lado a otro. La escritora toma la escoba con la que se recogen las hojas del
jardín y se lo acerca al animalejo. Éste se aleja aterrado y comienza a
hundirse. La mujer hace un nuevo intento, esta vez acercándole el otro extremo
del palo. El animal se sujeta firmemente con sus largas garras y permite que lo
remolquen unos momentos, antes de soltarse y hundirse de nuevo, perdiendo el conocimiento. Ella lo observa en el fondo unos instantes
antes de volver a meter el palo al agua. Mientras lo empuja a la superficie se
da cuenta de que es una hembra, a la que ya cree muerta. La otra mujer ha
estado observando todo en silencio, ahora se acerca a la orilla y con la mano
lo saca arrojándolo al césped. Luego, con la escoba, le da unos empellones de
un lado al otro. Escupiendo agua por el hocico alargado, el animal se levanta.
Trastabillando se aleja lo más rápido que puede, hasta perderse de vista bajo
unos arbustos crecidos en una esquina del jardín. Las dos mujeres se voltean a
ver sin mediar palabra. Una vez que se asienta el polvo emocional del evento,
la escritora regresa a su lugar, pero no a su café. Toma el lápiz y comienza a
escribir, inspirada, lo que acaba de suceder, devorando renglones a gran
velocidad.
Mientras
tanto, entre los arbustos y aún temblando tras la traumática experiencia, la
musa de la inspiración maldice para sus adentros el pésimo tino de haber caído
justo en la piscina, es la desventaja de tener tan mala vista. Hace una nota
mental para no volver a esa casa. Con el poco aplomo que logra reunir en su
situación, gruñe: ¡Que la escritora se busque un lugar más seguro para
inspirarse, o que cambie de profesión!
1.-Sugiero quitar el segundo café del primer párrafo para no repetir y buscar un sinónimo o metáfora.
ResponderBorrarYo creo que este ya quedó. Me gusta.