Ejercicio: Recursos de contextualización
para ubicar al lector en tiempo y espacio.
Los
chismosos de Manet.
Chano lloraba desconsolado y con la mano
al rojo vivo, el candil apagaba su última flama y el cristal hecho añicos en el
piso de tierra de la casa de una sola habitación. Evaristo con su sombrero de
palma lleno de huecos, el fusil colgado en la espalda y el machete envainado a
la cintura lo miraba como si nada desde el umbral de la puerta
—¡Chamaco
Bruto! — le soltó con una risa burlona, mientras le aventaba los huaraches para
que no se cortara los pies. Chano se los puso aún con lágrimas en los ojos,
sabiendo que por mucho que llorara y aunque rompiera mil candiles tendría que
acompañar a su padre.
Ya
afuera, la noche a punto de clarear estaba llena de estrellas. Evaristo subió a
la montura del viejo caballo y le repitió a Chano que resignado viajaba en
ancas.
—Una
sola vez en la vida verás a un emperador fusilado mijo, una sola, y de paso te
haces hombrecito.

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