La Serpiente
Llegué un poco
tarde a la mansión de Uriel. Me entretuve porque estuve esperando a que Pedro se
fuera a dormir antes de salir del palacio. Quería ahorrarme las preguntas de
porqué y a dónde salía. Sé muy bien que a nadie en el cielo le gusta la idea de
que hagamos estas fiestas, pero la verdad ¡me encantan!, no me las puedo perder.
Especialmente las que organiza Uriel. La última vez armó una carrera para ver
quién era el más rápido en ir por la Espada Ardiente y traerla a la fiesta.
Incluso puso un premio, el ganador se llevaría la Esfera del Sol. Lo hizo
avanzada la noche cuando todo el mundo estaba hasta las alas de borracho, y con
tanta seriedad que hubo ocho competidores. Todavía se aguantó unos minutos después
de que el último saliera a toda velocidad, antes de retorcerse de la risa. Y hasta
los que estábamos ahí, de forma francamente vergonzosa, nos tardamos en recordar
que ni la Espada ni la Esfera existen. Claro, las oímos mencionar con tanta
frecuencia entre los hombres que de pronto ni nosotros nos acordamos de que
todo es pura mitología. Nuestra
vergüenza no impidió, después de las carcajadas, que corrieran las apuestas para ver
quién era el primer competidor en darse cuenta de lo idiota que había sido. Conforme
fueron regresando, los recibíamos con alaridos y ovaciones, festejando la
proeza de ser tan bestia. Hasta la fecha nos seguimos riendo de eso.
Al entrar al
vestíbulo me encontré a Rafa, me saludó efusivamente y de inmediato me llevó
con los demás, que estaban reunidos en una mesa de la terraza, platicando ruidosamente
y muy bien atendidos.
–
¡Hey
Mike!
Me saludó Gabriel
levantándose para darme un abrazo.
–
Al fin
llegas, creímos que ya no venías.
–
Sí,
se me hizo tarde, ¿cómo van?, ¿ y Sariel?, ¿tampoco ha llegado o se fue a
buscar la Espada Ardiente?
Pregunté mientras
iba saludando a los demás.
La carcajada de Remi
retumbó en la mesa y me respondió con su vocerrón de tenor:
–
Se
fue por hielo, o al menos eso dijo, ¡es capaz de haber ido por la espada!
Y volvió a reír
de buena gana.
Me instalé en la
mesa y me serví un whisky. La música electrónica me aceleró el pulso y miré alrededor,
había cuerpos rebotando por todos lados. De repente apareció Uriel, abrazando a
dos bombones impactantes y nos presentó con una de sus sonrisas encantadoras.
–
Mis
queridos amigos, les presento a Samza y a Lizz. Samza es hermana de Mefisto,
así que cuidadito con ella, ya saben que su hermano tiene mal genio, y Lizz es
prima de Fausto, están aquí de visita, atiéndanlas bien y sean educados.
Todos balbuceamos
algún tipo de saludo a la vez sin quitarles los ojos de encima, eran
verdaderamente guapas, no, no guapas, más bien súper sexis. Seguramente nos
veíamos tan tontos como nos sentíamos.
–
Así
que ustedes son los famosos siete.
Nos dijo Lizz
paseando su mirada por cada uno de nosotros. Sus ojos eran de un color azul
profundo que te atrapaba como mosca en una telaraña.
–
Seis
de siete, para ser exactos, nos faltan Raguel, que al parecer anda medio depre,
no quiso venir. Pero, por favor, acompáñenos, ¡uf!, de haber sabido que los
caídos tenían parientes tan guapas los visitaría más seguido.
Contestó Sariel
que en ese momento les acercaba un par de sillas y hacía que todos nos moviéramos
para hacerles espacio en la mesa.
–
No te
creo que alguna vez los hayas visitado, nunca te he visto en el infierno.
Las bromas
continuaron y el ambiente era cada vez más prendido. Después de un rato Rafa se
llevó a Lizz a bailar, y Remi acaparó a Samza con quién sabe qué cuentos de
resucitados, que aparentemente le resultaban fascinantes. Los demás seguimos
charlando y bebiendo de lo más a gusto.
La noche ya
estaba bastante avanzada cuando reapareció Uriel y sin más me gritó:
–
Mike,
cuéntales a las chicas la historia del conejo, ¡no la conocen!
Antes de que
pudiera decir algo, lo secundó Remi con su magnetófono:
–
¡No
puedo creer que no la conozcan!, todo el mundo se la sabe, está muy buena, ¡cuéntala
Miguel!
Lizz, que venía
llegando con Rafa, ambos sudados después de andar brincando como maniacos en la
pista de baile, preguntó que de qué historia hablábamos.
–
Es
una historia muy vieja, literalmente de cuando Dios creó al hombre.
Les expliqué.
Sariel, que traía
la novena botella de whisky y la ponía al centro de la mesa, emitió una risita
como de loco.
-Todo el lío de la
manzana y de Eva y de la expulsión del jardín y demás, Miguel es uno de los actores principales en el
asunto y su versión es la mejor.
Rellenó los vasos
vacíos y se instaló en su silla admirando con gusto el color dorado del líquido
recién renovado en el suyo.
Para ese momento Lizz
y Samza ya me jalonaban ansiosas para que empezara a hablar.
–
Ok,
ok, está bien.
Me acomodé en la
silla y viendo las caras de todos que de pronto se quedaron muy quietos y
callados, estuve a punto de echarme a reír pero me contuve y empecé el relato.
– Bueno,
pues como decía Sariel, se trata del lío de la manzana porque Dios puso el
árbol del conocimiento en el jardín del Edén y les dijo a Adán y a Eva que no
comieran de ese fruto, ¿cierto? …
–
Sí,
sí, y la serpiente la convenció de comerlo y que ahí se fastidió el asunto.
Interrumpió Remi acompañando
su comentario con otra de sus carcajadas con exceso de volumen.
– Bueno, a
ver, vamos poniendo las cosas en contexto: en primer lugar, ¿cómo para qué iba
a poner Dios un árbol que se supone que tiene el poder de otorgar el
conocimiento del bien y el mal, en el mismo lugar donde acababa de crear un
nuevo ser, en pleno proceso de desarrollo, diciéndoles que coman de todo lo que
quieran, excepto de ese?. Para quienes no conocen a Dios, tal vez suene
creíble, pero cuando sabes lo meticuloso y lo ordenado que es, te das cuenta de
lo ridículo de la idea. Vamos, Dios tenía scripts de pruebas exhaustivos que seguía
con todas y cada una de sus creaciones, que iban desde los aspectos más básicos
como el instinto de supervivencia, hasta los más elaborados. No andaba con
jaladas, le gustaba que todo fuera exactamente como lo había planeado. Llevaba
un control perfecto de todo y cada cosa estaba en su lugar. O casi…
–
De
acuerdo, tampoco suena lógico el asunto de la serpiente.
–
Muy
simple Samza, es que nada de eso fue así. Empezando por el famoso Jardín del
Edén, ¿tú sabes cómo era?
–
No
realmente, nunca se me ocurrió que fuera diferente a lo que los hombres dicen.
–
El
Jardín del Edén es simplemente un nombre genérico que los hombres usan, en
realidad eran miles de pequeños jardines, todos separados y aislados unos de
los otros. En cada uno Dios tenía diferentes creaciones en diversos estados de
evolución. De pronto entró en, digamos, un frenesí creativo y saturó todo el
espacio disponible, así que para cuando le llegó la inspiración para este nuevo
ser que sería el hombre, no tenía donde ponerlo. Mandó a los ángeles a que
acondicionaran un jardincito en la parte de atrás del palacio celestial que
estaba medio abandonado, limpiaron la hierva, puso unos arbustos de flores y un
par de arbolitos. El manzano ya tenía mucho ahí y rara vez se recolectaban las
manzanas, como siempre hay tantas frutas en el palacio, nadie les hacía el menor
caso. El sitio no tenía ninguna gracia.
–
El de
las barricas, ¿te acuerdas Remi?
–
Claro,
me acuerdo del día que Dios nos pidió que buscáramos una carreta porque le iba
a mandar las barricas a Santy para se las humeara y luego, bien
inteligentemente, te desapareciste y me tocó a mi sólo organizar que las
cargaran y se las llevaran al infierno. Condenado Rafa.
Nuevamente su risotada inundó toda la terraza.
–
O sea
que el Jardín del Edén no tenía nada de Edén.
–
No Samza,
nada, y no sólo eso, ¿sabías que Adán no era Adán y Eva no era Eva?
–
A
ver, explícate.
Pues resulta que
Dios no le había puesto nombre a su creación. En ese momento simplemente les
decía Eros y Eras, no les había llamado hombre y mujer, ni mucho menos Adán y
Eva. Yo creo que ni él mismo sabe en qué momento se transformaron en eso.
–
¿Y
entonces la serpiente tampoco era serpiente?
–
Sí,
la serpiente sí era serpiente Lizz, esa ya tenía tiempo creada y estaba
prácticamente lista para ser enviada a la tierra.
–
Pero
primero tenía que hacer que Eva se comiera la manzana, ¿no?
–
No
precisamente, Dios la había puesto en una pequeña terraza que daba justamente
al jardín del que estábamos hablando, como no requería el gran espacio, y por
ahí no pasaba nadie, era un lugar suficientemente adecuado. O sea que en
realidad la serpiente ni siquiera estaba con ellos.
–
¿Entonces
cómo acabó en el árbol del bien y el mal?
Por un momento sus ojos de telaraña tan azules me atraparon y tardé un poco
más de la cuenta en responder.
–
Digamos
que a todos nos puede fallar el cálculo, y nunca existió un árbol del bien y
del mal, era un manzano común y corriente. Además Dios nunca impuso condiciones
de que esto sí lo puedes hacer y esto no. Con respecto a la serpiente… bueno,
para que entiendan esa parte les tengo que explicar otra, ¿ustedes saben cuál
fue la creación favorita de Dios?
–
¿Qué
no fueron los hombres?
–
Nop,
¿tú Samza?
–
Pues
alguien me dijo una vez que eran los caballos, pero no sé.
–
Mmmm,
sí, los caballos son una de sus grandes favoritas, pero la que verdaderamente
adoraba, la que lo traía loco y que se rehusaba a mandar a la tierra, su gran
amor era…
Gabriel tamborileó la mesa agregando un toque de suspenso al momento antes
de que yo siguiera:
–
Ni
más ni menos que el conejo.
–
¡Conejo!,
¿es en serio?
–
Sí guapas,
esos roedores peludos eran su fascinación, pasaba horas con ellos y los tenía como
reyes. Le gustaban tanto que no quería mandarlos a la tierra aunque para todos
era muy claro que ya estaban más que listos para sacarlos del jardín, y ¡uy!,
cuidado con el que les tocaran un pelo porque se ponía furioso.
–
¡Pregúntale
aquí a Gabo cómo le fue el día que se le ocurrió bromear diciendo que se le
antojaba un caldito de conejo!
Gabriel fue el
primero en reírse, y Rafael lo siguió mientras nos decía entre risas:
–
¡Nunca
se me va a olvidar eso! Yo estaba hablando con Dios cuando aquí a Gabito, que
estaba platicando con Pedro, le pasa un conejo entre las piernas, y se le
ocurre decir “agárralo y hacemos un caldito”, bueno… de milagro no sumaron un
caído más con Santy ese día. Yo me quedé como piedra viendo cómo se le fue
transformando la cara a Dios cuando lo oyó, y te juro que por poco le sale
fuego de la nariz. Se volteó y le dijo “Gabrielito, mijo, mira, necesito que me
hagas un favor”, y que me lo mandan con los querubines a limpiar los jardines.
¡Que risa!
–
Sí,
ni me lo recuerdes, ¡pensé que iba a hacer un caldito conmigo! Sus conejos eran
intocables. No les ponía nombres pero luego te decía “el de las orejas suaves”,
“el del cachetito negro”, “el gris de ojitos tristes”, como si los demás
tuviéramos la más remota idea de cuál era cuál, o como si todo el mundo supiera
distinguir entre tanto conejo.
–
Su
favorito era uno bien pequeño de color café claro como chocolate con leche, con
el pecho, las patas y las puntas de las orejitas de color blanco. No lo soltaba
en todo el día, ¡le encantaba! Lo tría para todos lados.
–
¡Y sí
que había conejos chicas!, ni se imaginan.
Se escuchó la voz
en do mayor de Remi, mientras iba rellenado los vasos vacíos con generosas
porciones de whisky.
–
Llegó
un momento en el que los conejos se empezaron a salir del jardín donde estaban.
Eran tantos que los querubines que los cuidaban ya ni sabían por dónde se les
escapaban. Los veías arreando conejos por todos lados. Eran verdaderos pastores
de conejos. Y los jardines, tanto de creaciones de Dios como los de placer
dentro del palacio empezaron a llenarse de hoyos y madrigueras. ¡Y pregúntenle
a Sariel como estaban las cocinas!
–
Eran
un desastre, los querubines que preparaban la comida tenían que resurtir las
alacenas a diario y lavar todos los utensilios hasta cinco veces al día porque
de cada gaveta que abrían salían conejos.
–
Y
Dios no quería mandarlos a la tierra, estaba feliz viéndolos por todas partes.
–
¡Cómo
me lo perdí!, me hubiera encantado ver el cielo invadido de conejos, ¡que cómico!
–
Pues
para los que vivíamos ahí no fue tan gracioso Samza, todos los días vivíamos con
la esperanza de que Dios decidiera que ya había sido suficiente y mandara a su
ejército de conejos a la tierra. Pero no, él estaba encantado. Ya lo seguían
como perritos por donde quiera que andaba, hubieras visto a Dios y su séquito
de conejos, de verdad estaba para partirte de la risa.
–
No
puedo creer que no me enteré, hubiera ido sólo para ver eso.
–
Así
estaba la cosa, y ya saben, hasta que un día… la serpiente, quién sabe cómo, se
sale de la terraza y va a dar con Eras y Eros. En un inicio los querubines la regresaban
a la terraza y listo, pero la serpiente siempre encontraba la manera de
regresar al jardín. Todos los días había que estarla buscando y sacando, hasta
que el asunto fue perdiendo importancia, y eventualmente la serpiente acabó
mudando su residencia definitivamente. Pero eso no fue un problema, la cosa se
complicó cuando los conejos también empezaron a ir a ese jardín.
–
Uuuuuu,
conejos y serpientes, mala combinación…
–
Exacto.
Al principio los conejos no se metían, se asomaban y, como son nerviosos y
precavidos, al menor movimiento salían despavoridos. Eras hacía esfuerzos para
que se acercaran, después de todo eran una ternurita, ¿no?, pero los conejos se
asustaban y se iban. La serpiente, muy astuta como sabemos, le sugirió que les
ofreciera una manzana, y a base de perseverancia, un día por fin logró que un
conejo se acercara a comer del fruto. A partir de ahí fue fácil, un conejo
trajo a otro conejo, una manzana se convirtió en dos, tres, cinco, diez
manzanas y por cada una había dos, tres, cinco conejos. Al rato el jardín
sucumbió a la invasión conejil. Y La serpiente… a darse un manjar.
–
Aaaah,
ya me imagino lo que pasó…
–
Pues
sí, por supuesto era muy complicado darse cuenta de que faltaban conejos porque
cada vez había más, no menos, claro, hasta que un buen día Dios pregunta por chocolate-con-leche
y… chocolate-con-leche no aparece por ningún lado. El palacio entero se volcó
en la búsqueda, incluyéndome a mi. Para ese momento Dios ya traía un humor de
los mil diablos.
–
Nooooo,
¿y descubrieron lo que le pasó?
–
Ni
más ni menos que aquí nuestro Arcángel Miguel, jefe del ejército celestial…
mejor conocido desde ese día como ¡El Detective Chocolatín!, fue quien lo
descubrió.
–
Muy
chistosito Rafael, sí, yo tuve la mala suerte de ir a buscar al jardín de Eras
y de casualidad noté una bola a mitad del cuerpo de la serpiente. Por supuesto
no había manera de saber si esa era su comida o el postre de chocolate, pero
fue perfectamente claro lo que estaba pasando.
–
¿Y
qué hiciste?, ¿le dijiste a Dios?
–
¿Qué
opción tenía?, ¡y ahí fue cuando ardió Troya! No tienen idea de cómo se puso Dios,
lo que le sigue de furioso, después de gritonearle a todo el mundo por su
evidente negligencia y de amenazar a más de uno de mandarlos directamente con
los caídos en ese mismo momento, interrogó de forma no muy fraternal a Eras y
Eros, y tras entender cómo habían pasado las cosas, decidió que ya estaban
listos para irse al carajo, todos. Y dicho y hecho, les dio una patada en el
trasero y los mandó a la tierra. Y cuando digo todos, es todos, incluidos los
conejos, y todas las otras creaciones que tenía en los jardines. De golpe se
vació el paraíso y así empezó, de la noche a la mañana, la vida en la tierra
con todas las creaturas de Dios.
–
¡Que
buena la historia!
–
Oye,
pero pobres hombres, al fin y al cabo no tuvieron nada que ver con el asunto,
al menos esa parte de la historia se ve que tiene algo de verdad, todo fue por
culpa de la serpiente.
–
Mira
Lizz, como el mismo Dios lo dijo tiempo después, al fin de cuentas todos
actuaron conforme a su naturaleza, tal como habían sido preconcebidos.
Realmente no había delito que perseguir.
–
Y no
sólo eso mi reina, en el palacio, aunque nadie lo dice, la serpiente es como un
héroe celestial, ¿o no Mike?, Santa Serpiente creo que le dicen.
No puede evitar
reírme antes de responderle.
–
Pues
si tú hubieras pasado todo ese tiempo en el palacio rodeado de conejos, también
tú la considerarías así mi querido Uriel.
Para cuando
terminé mi relato ya estaba amaneciendo, y aunque ninguno de nosotros tiene
necesidad real de dormir, o para el caso, comer o beber, ya que lo hacemos por
puro mundano placer, nos empezamos a despedir y poco a poco los jardines y la
terraza se vaciaron. Por azares del destino, de pronto me encontré sólo con
Samza. Lizz se había ido muy abrazadita de Uriel. Como si fuera lo más natural
del mundo, le tomé la mano y nos fuimos juntos a la mansión. ¡Me encantan estas
fiestas!
Me gusta mucho el cuento. Los diálogos fluyen muy bien y realmente no es importante quién dice qué. A pesar de eso sí se entiende muy bien. Solamente tienes que mejorar la puntuación. Abajo te hago algunas recomendaciones. El inicio la verdad se me hace muy confuso y obscuro comparado con el diálogo que es muy ágil. Yo quitaría del inicio las palabras mansión y palacio. Y más adelante no me gusta la expresión vaso vacío. Pero eso es mi gusto. Puedes dejarlo así.
ResponderBorrar1.- Hay que poner sangría en las narraciones después del diálogo y en el punto y aparte. La única forma en que no pones sangría es cuando es un cambio de párrafo, es decir un tema diferente.
2.- ...que organiza Uriel. La última vez armó... Entre "Uriel" y "La última ", sugiero un punto y aparte para separar el recuerdo.
3.-Sugiero ...premio: el ganador se llevaría la Esfera del Sol.
4.- Debe decir "La hizo avanzada la noche" porque hablas de una carrera.
5.- "y con tanta seriedad que hubo ocho competidores. Todavía se aguantó unos minutos después de que el último saliera a toda velocidad, antes de retorcerse de la risa. Y hasta los que estábamos ahí, de forma francamente vergonzosa, nos tardamos en recordar que ni la Espada ni la Esfera existen." No entiendo por qué dices con tanta seriedad y luego que tienen risa, ni la relación que tiene con el número de competidores porque no pusiste antes una referencia, por lo que ocho a mí me pueden parecer pocos para una carrera. Hay que aclarar eso. Tampoco queda claro a qué te refieres con forma vergonzosa y abajo también pones "nuestra vergüenza" y no queda claro por qué la tienen.
6.-"De repente apareció Uriel, abrazando a dos bombones impactantes y nos presentó con una de sus sonrisas encantadoras." Sugiero aclarar quien presenta a quién y de quién es la sonrisa. Por lo que sugiero: De repente apareció Uriel, abrazando a dos bombones impactantes y con una de sus sonrisas encantadoras, (o mejor "su sonrisa encantadora") las presentó.
7.- "Contestó Sariel que en ese momento les acercaba un par de sillas y hacía " Sugiero: Contestó Sariel acercando un par de sillas, haciendo que ...
8.- Hay que revisar la puntuación de los diálogos. Creo que deberías separar más con punto las oraciones en lugar de hacer oraciones más largas con comas. Pero haz una lectura en voz alta y así corriges la puntuación. Cuando abras signos de admiración empieza con mayúscula.
ResponderBorrar9.- "...– Es una historia muy vieja, literalmente de cuando Dios creó al hombre.
Les expliqué.
Sariel, que traía la novena botella de whisky y la ponía al centro de la mesa, emitió una risita como de loco.
-Todo el lío de la manzana y de Eva y de la expulsión del jardín y demás, Miguel es uno de los actores principales en el asunto y su versión es la mejor.
Rellenó los vasos vacíos y se instaló en su silla admirando con gusto el color dorado del líquido recién renovado en el suyo."
Sugiero: "– Es una historia muy vieja, literalmente de cuando Dios creó al hombre --les expliqué.
Sariel, que traía la novena botella de whisky y la ponía al centro de la mesa, emitió una risita como de loco.
-Miguel es uno de los actores principales en todo ese lío de la manzana y de Eva y de la expulsión del jardín y demás. Su versión es la mejor --rellenó los vasos vacíos, y se instaló en su silla admirando con gusto el color dorado del líquido recién vertido en el suyo."
10.- " ...excepto de ese?. Para quienes no conocen a Dios.." después de un signo de interrogación o admiración ya no es necesario poner punto y debes empezar con mayúscula. Revisa todo el texto siguiendo estas reglas. "... del Edén, ¿tú sabes cómo era?..." debe decir "... del Edén ¿Tú sabes cómo era?..." más adelante "...que estábamos hablando. Como no requería el gran espacio, y por ..." también "...Digamos que a todos nos puede fallar el cálculo. Y nunca..." Sugiero "¿Qué? ¿No fueron los hombres?" El vocativo siempre va entre dos comas: Y no sólo eso, mi reina, en el palacio...
11.- Hay dos párrafos que no entendí: 1 "La serpiente, muy astuta como sabemos, le sugirió que les ofreciera una manzana, y a base de perseverancia, un día por fin logró que un conejo se acercara a comer del fruto. A partir de ahí fue fácil, un conejo trajo a otro conejo, una manzana se convirtió en dos, tres, cinco, diez manzanas y por cada una había dos, tres, cinco conejos. Al rato el jardín sucumbió a la invasión conejil. Y La serpiente… a darse un manjar."