sábado, 30 de marzo de 2019

Coge-ando


Mi niñez se desarrolló en la Ciudad de México y en La Piedad, Michoacán, mi familia y yo nos mudábamos con frecuencia debido a que no teníamos un hogar propio, teníamos que pagar renta y mi papá cambiaba de trabajo repetidamente, inclusive, tuve que vivir algunos años con él y mi abuela paterna en Michoacán, separada de mi mamá y mis hermanos que vivían en la capital; mi papá los visitaba los fines de semana y yo, sólo lo hacía durante las vacaciones.
Mi abuela, era un tanto estricta, y más aún durante la ausencia de mi papá, considero que eso me llenó de inseguridad, siempre fui muy tímida y cualquier tono de burla causaba un impacto muy grande en mi autoestima.
Definitivamente la manera de hablar de la gente de provincia es totalmente distinta a la gente de la ciudad, en La Piedad, por ejemplo, decíamos: ¡coge las llaves!, ¡coge tus cosas y vámonos!, sin embargo, esa palabra no se usa de la misma manera en la ciudad y en algunos otros lugares por su asociación con expresiones sexuales.
Durante las vacaciones, mis amigas solían ir a mi casa para invitarme a salir a jugar, mi mamá acostumbraba tener un frutero repleto, en el centro de la mesa, la fruta siempre estaba fresca y apetitosa, por lo que a mis amigas siempre se les antojaba; y cuando me preguntaban si podían tomar una mandarina, por ejemplo, yo les decía: Sí, ¡cógela!, lo cual hacía que se les escapara una risita burlona, pero discreta, que yo no entendía, pero realmente me incomodaba y a veces me daban ganas de llorar.
Años más tarde, cuando ya radicaba en definitiva en la Ciudad de México, en una reunión afloró el recuerdo: “Te acuerdas cuando nos reíamos porque Liz nos decía que cogiéramos la fruta”, el comentario desató una risa colectiva incluyendo la mía, que por fin entendí el mal chiste.  La verdad es que me reía por encajar en el grupo, pero me llenaba de rabia el comentario, lo ligaba al acoso verbal que sufría todos los días al caminar por las calles y viajar en transporte público, al grado tal, de no atreverme a usar nunca una minifalda, o una prenda de color rojo, ya sabes, “¡A esa de rojo…!”
Y es que una palabra puede ser un arma letal, capaz de frenar tu desarrollo y quizá hasta terminar con tus ganas de vivir. Estar merced de silbidos, masturbaciones, exhibicionismo, manoseos e insinuaciones sexuales en lugares públicos provoca miedo y enojo generalizado en todo el mundo, a pesar de ello, no hay una forma 'correcta' para enfrentar a los acosadores, "el acoso sexual callejero” hoy sigue careciendo de una adecuada cobertura en términos legales, suelen ser justificado o hasta motivo de orgullo porque nos encontramos en una cultura machista.
¡Es urgente educar a la sociedad!, aceptar la problemática y reformar la mentalidad de la población con perspectiva de género, aunque caminemos desnudas por la calle en la madruga, no tienen por qué acosarnos, violarnos o matarnos. Todos debemos cambiar, porque como lo demuestra la actitud de mis amigas, inclusive las mujeres somos partícipes de esta conducta. ¡Empieza hoy!

1 comentario:

  1. Sugiero que hagas oraciones más cortas y que cada una tenga una sola idea, las oraciones tan largas cansan al lector. Por otro lado sugiero que cuentes más la anécdota sin explicar y que todo gire nos vaya envolviendo hacia el objetivo que es convencer al lector de lo que escribes en tu conclusión. Por lo tanto debes hacer más emocional y menos explicativa la anécdota de la niña. Ejemplo:"Mi niñez se desarrolló entre la Ciudad de México y La Piedad en Michoacán. Nos mudábamos con frecuencia debido a que no teníamos un hogar propio, teníamos que pagar renta y mi papá cambiaba de trabajo repetidamente. Durante algunos años sufrí la separación de mi madre y mis hermanos, pues como xxxxx yo me quedé a vivir con mi papá y mi abuela paterna en Michoacán. Aunque mi papá los visitaba los fines de semana a mi solamente me llevaba en las vacaciones y esto me hacía sentir excluída, como si ....
    Mi abuela, era una mujer xxxx, con una disciplina militar, me hacía xxxx , situación que se agravaba aun más durante las ausencias de mi padre. Yo me fui sintiendo cada vez más pequeña y aislada, en la escuela me alejaba de las otras niñas por miedo a xxx... y cuando llegaba a la ciudad ya no pertenecía ahí a pesar de que no deseaba yo otra cosa más en el mundo. Empezando por la manera de hablar de la gente que en La Piedad era totalmente distinta a la gente de la ciudad. Recuerdo en una ocasión que mis amigas me invitaron a ... " y ahí cuentas lo de la burla de las mandarinas y cómo después te sentías acosada sexualmente por xxx.

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