Ono.
En la isla de
Alber, en el Pacífico Central, a más de ciento cincuenta y seis millas náuticas
de Kiribati, donde habitan noventa y cuatro personas y con una elevación máxima
de tres metros sobre el nivel del mar, hay una pequeña casa, con techo de
palma, entre arbustos de grandes hojas y palmeras de coco. En ella vive una
niña de diez años a quien no le falta nada para ser feliz. Sin embargo no lo
es, sueña con tener un nombre. Los otros niños de la isla lo tienen. El
problema es que a ella no se le vienen las ideas. Una mañana, mientras recorría
descalza el corto trayecto a la casa comunal donde los mayores les enseñaban
las formas de su gente, lanzando arena con los pies y viendo cómo caía unos
centímetros adelante, vio a un hombre que levantaba una empalizada de bambú y
le preguntó para qué era.
–
Para
poner una tienda de ropa.
Le respondió.
Ella de inmediato le preguntó emocionada que cómo se llamaría su tienda,
pensando que le daría alguna idea.
–
No
había pensado en ponerle ningún nombre, no hace falta, eres una niña muy rara.
La niña le explicó su dilema y dijo que buscaba ideas para ponerse un
nombre, pero el hombre sólo se rió y le contestó que lo dejara trabajar.
Cuando terminó sus lecciones regresó a su casa sin ganas de hacer otra cosa
y decidió darse un baño. Mientras se echaba agua fresca en la cabeza le pareció
escuchar un ruido extraño, algo se arrastraba. Salió del lugar del baño
escurriendo y fue a ver qué era lo que se oía cerca de la estufa de
leña. Descubrió que era una pequeña tortuga. Se puso feliz y rápidamente fue
por unas hojas de los arbustos para ofrecérselas para comer. También le acerco
un pequeño cuenco con agua. Hacía mucho calor y estaba segura de que la tortuga
querría refrescase. El animalito se acercó a las hojas, pareció mirarlas
extrañada y se alejó. La niña, desconcertada corrió a donde su mamá guardaba la
comida. Comenzó a sacar todo lo que le pareció algún tipo de verdura comestible
y se las puso a la tortuga enfrente para que ella eligiera la que más le
gustara. La tortuga lentamente se acercó a una pequeñas hojas verdes de color
intenso con las que su mamá preparaba una sopa que a ella no le gustaba nada.
La tortuga comenzó a comerla y la felicidad de la niña fue doble, acababa de
alimentar al hambriento animal, y además se libraría de la sopa de hojas
verdes. Cuando la tortuga dejó de comer, la niña, que la había estado
observando, le acarició la cabeza delicadamente con el dedo y le dijo:
–
Ahora
ya puedes seguir tu camino.
Sus ojos se abrieron enormes cuando en el caparazón de la tortuga apareció
la palabra “gracias”. La niña gritó, no de asombro o temor, sino de felicidad,
sabía quién era ese ser, era la tortuga Ono, que sólo visita las casas de los
niños cuando se necesitaba su ayuda. También sabía lo que tenía que hacer, se
vistió rápidamente y empacó unas cuantas cosas, debía prepara su barca.
En su isla todos conocían la leyenda de la niña de oro. Hacía más de cincuenta
años, una pequeña había visto a Ono, un ser mágico que le dijo que una niña, en
una isla fantástica lejos de ahí, estaba prisionera y necesitaba ayuda. La niña,
aunque era muy pequeña, no titubeó ni un segundo y zarpó en un bote diminuto a
donde Ono le indicó. La leyenda cuenta que la niña logró rescatar no sólo a una
sino a varias niñas que estaban prisioneras en una tierra lejana, y que en el
proceso había quedado convertida en oro, permaneciendo para siempre en aquel
mundo mágico. En Alber todos la consideraban una gran heroína, aunque nadie sabía
decir bien quién era o qué había pasado con las niñas que rescató. En lo que
todo el mundo estaba de acuerdo era en que si Ono aparecía nuevamente en la
isla, quien fuera elegido debía acompañarlo.
Así que la niña sin nombre se dirigió a la playa y empujó su pequeño bote y
subió en él. La tortuga ya estaba en el agua. La pequeña tomo un remo y la
siguió.
Lo que para cualquier adulto se consideraría una prueba de resistencia,
para la niña fue una verdadera hazaña de navegación. Durante tres días remó
siguiendo a la tortuga, que destellaba una brillante luz blanca haciendo muy fácil
su localización. En su alocada partida, no consideró llevar víveres de ningún
tipo, por lo que estaba tan débil que se encontraba a punto de perder el
conocimiento. Nunca supo si ella fue hacia el barco o al revés. Lo único que
pudo recordar era que unos brazos fuertes la depositaban en una cama.
El capitán del barco se llamaba Carliots, era un tipo que reía mucho pero
con aspecto intimidante. Dos días después de que la rescataran, la niña logró
reunir las fuerzas necesarias para salir del camarote y ver dónde estaba. El
barco era enorme, mucho más grande de cualquiera que hubiera visto en su vida, ni
siquiera imaginaba que algo así podía existir. Era de madera con partes de metal.
Las pisadas de la tripulación se escuchaban fuertemente en las tablas de cubierta.
Al mirar fuera del barco no se veía tierra por ningún lado, sólo mar. La niña
sintió miedo. Todo le parecía descomunalmente grande y ruidoso. Su mirada se
paseaba nerviosa de un lado al otro hasta que vio al capitán. Había sido él quien
se encargó personalmente de llevarle agua y comida todos los días y era la única
persona que había visto hasta ese momento. A su lado había una niña de cabello
rubio muy largo y liso, que parecía de su edad. La curiosidad desplazó el temor
y se dirigió a ellos.
El capitán rio fuertemente al verla y celebró que ya estuviera caminando
por el barco. La niña le dio las gracias por sus atenciones y preguntó que a dónde
iban.
–
A
Crante, por su puesto
Respondió el capitán como si fuera lo más lógico del mundo. Al notar que la
niña miraba con frecuencia a la pequeña a su lado, el capitán se la presentó.
–
Esta
es Casilia, es muy callada, pero si quieres puedes ir con ella para que te
muestre el barco.
La niña asintió encantada con la cabeza y se dio vuelta para seguir a
Casilia que no dijo nada y simplemente echó a andar después de oír al Capitán.
La niña la siguió y mientras caminaba trataba de poner en orden las miles de
preguntas que le venían a la mente, como arena revuelta por las olas de la
orilla.
Casilia caminó hasta un barandal y se detuvo, dio media vuelta y dijo:
–
Aquí
abajo duerme la tripulación, es mejor que no vayas. También están las bodegas.
Huele muy mal.
Antes de que la niña pudiera preguntar algo, Casilia reanudó la marcha. Tuvo
que correr para alcanzarla y por fin le gritó:
–
¡Espera!
Casilia se detuvo y la observó con la paciencia con la que un gato espera
que el ratón se mueva.
–
¿Qué
haces tú en este barco?, ¿qué hay en Crante?, ¿eres hija del capitán?
Al escuchar la última
pregunta, Casilia resopló y simplemente contestó:
–
No
Luego se dio la
vuelta y se fue dejando a la niña ahí parada con la garganta cerrada de tantas
palabras que se peleaban por salir. No la volvió a ver en los siguientes cuatro
días que pasó en el barco.
Nadie le habló en
ese tiempo y por supuesto nadie respondió sus preguntas. Ella casi ni lo notó
ya que en su mente se desarrollaba un intenso diálogo que construía una teoría
tras otra de quién era Casilia y lo que hacía en el barco, para luego, como
castillos de arena alcanzados por el agua, ser desvanecidas sin sustento y dar
paso a nuevas construcciones.
En la mañana del
cuarto día, cuando por fin se acercaban a Crante, la niña no podía creer lo que
veía. Ni en las historias más locas de los mayores se mencionaban cosas tan
extrañas. Montañas, plantas gigantescas, un muelle más grande que toda su isla,
muchos barcos todavía más impresionantes que el del capitán Carliots. Y gente,
más gente de la que podía juntar en su imaginación. Casi dio un brinco cuando
vio a Casilia parada a su lado. No la había oído llegar. Y su sorpresa fue
todavía mayor cuando la tomó de la mano y le dijo:
–
Ven
conmigo y no te separes.
Casilia bajó del
barco con toda naturalidad y se internó en el poblado. No paró ni habló con
nadie. La niña estaba tan confundida con todo lo que veía y tan nerviosa, que apretaba
fuertemente la mano de Casilia, hasta que esta volteó a verla de manera abrupta
y la niña aflojó automáticamente la mano. Caminaron durante unos cuarenta
minutos y el barullo del poblado empezó a disminuir, quedando como un zumbido a
lo lejos. Casilia se internó en la selva, por un camino rocoso hasta que llegó
a una hermosa cabaña, de techo alto de madera y piso de piedra. Adentro, el
vestíbulo era muy amplio, con una estufa de leña en el centro y muchas alacenas
a lo largo de la pared a la derecha. Había
dos pequeñas habitaciones y un cuarto de baño ¡dentro de la misma cabaña!
La niña estaba
encantada, y aunque aún se sentía abrumada por todo lo que estaba pasando,
empezó a relajarse y a sentirse bien en ese lugar. Lo cual la llevó a hacer
preguntas. Casilia sólo le dijo que debía ser paciente. Viviría ahí con ella, tendría
todo lo necesario para estar cómoda y alimentarse bien, pero no debía
preguntarle nada hasta que fuera luna nueva.
–
¡Pero
si fue ayer!, ¡faltan dos semanas!
Le gritó. Casilia
ni siquiera se dignó a mirarla. Su melena rubia se balanceaba de un lado al
otro mientras iba sacando cosas para la comida de las alacenas. Cuando fue
claro que no había tema de discusión, la niña cambió la pregunta.
–
¿Y dónde
están tus padres?
–
Vivo
sola.
A la pequeña le
pareció muy extraño pero entendió que no había manera de sacarle algo más a
Casilia. Recordó lo que sucedió en el barco cuando le hizo muchas preguntas y
un escalofrío recorrió su cuerpo al imaginarse en ese lugar sin ella.
En la noche la
pasó mal. Le gustaba dormir, sus sueños siempre eran lindos y emocionantes,
muchas veces luchaba por no salir de ellos cuando sentía que se estaba
despertando. Pero esa primera noche en Crante todo era diferente. Los ruidos en
la selva y los olores la ponían nerviosa. Y cuando por fin se durmió tuvo sueños
raros y se sintió muy angustiada. Escuchaba la voz de Casilia que le pedía
ayuda, ella no la podía ver y le gritaba que dónde estaba, volteaba en todas direcciones
y sólo veía oscuridad. La voz de Casilia llagaba de todas direcciones, le decía
que la liberara, que buscara dentro de si misma. Al despertar la niña se sentía
más cansada que cuando se acostó. En su segundo día en Cantre le preguntó a
Casilia si podía regresar al poblado para conocerlo mejor, el lugar la aterraba
y la intrigaba por igual. Casilia accedió y juntas estuvieron recorriendo las
calles y viendo todo tipo de sitios y actividades. Dando que la isla comerciaba
con todas las otras islas del Pacífico Central y el Pacífico Sur, en cada rincón
había cosas asombrosas y nuevas para la niña.
Durante todo el
trayecto nadie les habló ni les impidió el paso. Como si fueran invisibles. Era
tanta su emoción que eso no le pareció importante.
Transcurrieron
los días y las dos niñas formaron un fuerte lazo. Un día se llevó una sorpresa
cuando Casilia se rio de algo que ella le contaba, era un sonido tan dulce y
agradable que deseó poder escucharlo con más frecuencia.
Casi habían
transcurrido las dos semanas cuando, justo a media noche, Casilia la despertó y
le dijo:
–
Debes
buscar en tu interior, ahí está tu nombre esperando, no te lo puedo decir, tú
debes encontrarlo, busca, confía en tu voz, ¡encuéntralo! O quedarás atrapada
en esta isla. No puedo decir más. Cuando la luna nueva llegue, te lo explicaré
todo.
Después Casilia
salió de la cabaña y no volvió hasta que llegó la luna nueva.
La niña dormía
otra de esas noches inquietas y angustiantes cuando Casilia la despertó. Ese día
lo había pasado llorando. Estaba triste y espantada desde la noche que Casilia
se había ido. Se sentía sola y deseaba más que nada en el mundo regresar a su
casa. Las palabras de Casilia la habían alterado mucho, aunque no había entendido
muy bien, la posibilidad de quedar atrapada en esa isla le provocaba terror. Aún
tenía los ojos enrojecidos e hinchados cuando los abrió para ver a Casilia
sentada delante suyo con una vela en las manos. Al verla se abalanzó hacia ella
y la abrazó. Casilia la sostuvo con delicadeza y acarició sus cabellos. Le
susurró al oído que la perdonara y le dijo que ahora todo estaría bien.
–
¿A dónde
fuiste?, ¿porqué me dejaste aquí sola?
–
Tenía
que hacer muchas cosas, si todo sale bien, esta noche nos iremos.
–
¿Tú
estás atrapada en esta isla?
–
Sí,
llevo muchos años atrapada aquí. Te he estado esperando todo este tiempo. Sólo
tú puedes liberarme.
–
¿Liberarte?,
¿cómo?, ¿porqué me has estado esperando a mi?
–
Sólo
debes cantarme una canción.
–
¿Eso
es todo?, ¿una canción y ya?, ¿para eso me has traído hasta aquí?
–
Yo no
te he traído, ha sido Ono, de la misma forma que me trajo a mi hace tanto
tiempo.
–
¿Osea
que tú viniste a liberar a una niña?
–
A
tres, para ser exactos.
–
¡Entonces
tú eres la niña de oro!
–
Sí,
yo también soy de Alber, hace cincuenta años llegué a este lugar donde estaban
atrapadas tres niñas. Ono me trajo y me enseñó la manera de liberarlas, sólo
que yo misma quedé atrapada porque la condición para que saliera era imposible
de lograr.
–
No
entiendo, ¿porqué no le pediste al capitán Carliots que te llevara de regreso?,
¡estoy segura de quelo habría hecho!
–
El
capitán no puede hacer nada por mi. La isla es mágica, los adultos pueden salir
pero los niños no. ¿Te diste cuenta de que no hay niños en el pueblo?, es
porque los habitantes de este lugar son todos de otras islas, nadie ha nacido
aquí jamás, y mientras están aquí nadie puede tener hijos. Cuando un niño llega
de otro lado queda atrapado y sólo se puede alejar en barco mientras esté en compañía
de un adulto de Crante. Pero si ese niño toca suelo en otra isla, muere al
instante.
–
Por
eso que Ono va en busca de otros niños, para ayudar a los que quedan atrapados.
¿pero y porqué no te dijo cómo salir?
–
Sí lo
hizo, sólo que no se podía. La magia de la isla pone condiciones diferentes a
cada niño que se quiere ir. En mi caso, solo puedo irme si me canta una canción,
alguien de mi sangre…
–
Espera,
¿quieres decir…?
–
Sí,
somos primas.
Al oír esto, una cascada de recuerdos casi ahogan a la niña, su madre
llorando en el entierro de su tía. Su tío que se fue en un barco en busca de
algo y que nunca volvió. Los mayores de la aldea que detenían sus
conversaciones cuando ella aparecía y la miraban con ojos tristes. El dibujo que
estaba en su casa y que su mamá se había empeñado en conservar.
–
Pero
si todo eso es verdad, tú deberías ser…
–
Sí,
soy casi una anciana, atrapada en un cuerpo de niña. Cuando me liberes tomaré
mi forma, y podré dejar la isla, si quisiera.
–
¿Qué
quieres decir?
–
Deseo
liberarme de la magia que me mantiene atada, pero no me iré de la isla, este es
mi hogar. Aquí pasaré mis últimos años. A menos que en algún momento me
apetezca salir, al menos ya tendré la libertad de elegir.
–
¿Y
yo?, ¿me quedaré aquí siempre?
–
Eso
depende de ti, cuando le diste de comer a Ono, él vio tu noble corazón, y
espera sinceramente que vuelvas a casa, me ha pedido que te diga, que la
condición para que eso pase es que encuentres tu nombre.
–
¡Pero
cómo voy a hacer eso!, ¡no me vienen las ideas!
A la niña le escurrieron
lágrimas por las mejillas, se sentía muy asustada. La idea de no poder volver a
casa era demasiado para ella. Intentó controlarse frente a Casilia, ella
llevaba muchos años atrapada y no estaba llorando.
–
Debes
buscar dentro de ti. Tu nombre siempre ha estado ahí. Es un nombre hermoso,
debes escuchar tu corazón.
La niña cerró los
ojos. No podía concentrarse, todo lo que Casilia había dicho le daba vueltas en
la cabeza y se sentía mareada.
–
Si no
encuentro mi nombre al menos te liberaré a ti. ¿Cuál es esa canción?
Casilia tomó una
hoja de papel y empezó a escribir. Al terminar se la extendió a la niña.
Quinque maque canseka
eskante esanteua sakante
cartenas eaque ertankue
quarte mastek natlue quenqui
entalek aslek mui etarebil is.
Las palabras no tenían el menor sentido. Las leyó varias
veces tratando de imaginarse cómo sería la tonada. No logró más allá de una
penosa lectura en voz baja con muchos errores.
–
No entiendo nada, no sé cómo se canta esto.
– –
Es una canción mágica, pero la magia sólo
funciona durante la luna nueva. Lo único que debes hacer es leerla con el corazón.
–
¿Y cómo se hace eso?
–
Lo harás, porque tu intención es pura y buena,
pero por favor, no si antes no has encontrado tu nombre. De lo contrario me liberarás pero tú quedarás
atrapada para siempre.
–
¡Pero ya te dije que no sé cómo hacerlo!
–
Cierra tus ojos.
La niña los cerró con fuerza, había comenzado a llorar de
nuevo y todo su cuerpo temblaba. Trató de no gritar pero no pudo contenerse.
Rompió en sollozos y dio rienda suelta al llanto.
Casilia la abrazó en silencio y la sostuvo por largo rato. Estuvieron
así hasta que la niña se calmó y el sueño la venció. En su sueño se encontró en
la playa, el lugar le era familiar, volteó hacia atrás y a lo lejos vio su propia
casa. Su corazón se llenó de felicidad y corrió ahacia ella. Abrió la puerta de
golpe y vió a su mamá y su papá que se levantaron para recibirla con un abrazo.
¡Haz vuelto! Le pareció que le dijo su mamá. De pronto se trasladó de nuevo a
la playa, nuevamente vio su casa y corrió a ella. Al entrar sólo su padre la
recibió. Ella preguntó por su mamá y le dijo que no estaba, que había tomado
una barca y se había ido a buscarla, y que nunca regresó. De nuevo la playa, de nuevo su casa, al
entrar sólo está su madre, llorando sentada en el vestíbulo. Ella entra y la
abraza y le pregunta que qué pasa, su madre no contesta, parece que no la ve.
La playa otra vez, ahora no corre a casa, camina, le da miedo abrir la puerta,
cuando lo hace no hay nadie. Todo está cubierto de polvo, muchas cosas están
rotas por el suelo. Grita llamando a sus padres, no hay repsuesta. Ya no quiere
ver la playa. Se da la media vuelta y se dirige a la casa comunal. Ahí tampoco
hay nadie. Sigue caminado. Llega al otro extremo de la isla. Está desierta. Al
llegar a la playa ve una roca y se acerca para tomarla. Pero no es una roca, es
Ono. En su caparazón se puede leer: busca dentro de ti. Ella entiende. Siempre
quizo que alguien le dijera cuál era su nombre, o buscaba inspirarse con los
nombres de otras personas o de objetos. Siempre pensó que las ideas llegarían a
ella, de algún lado, de alguna forma. Abrió los ojos.
La niña se incorporó y tomó el papel con la cación escrita.
Comenzó a recitarla. Casilia estaba sentada calmadamente frente a ella. Un
brillo la bañó. El pelo rubio se elevó y le flotó alrededor de la cabeza. En
ese momento la niña se dio cuenta de que no era pelo. Era como si un velo
hubiera estado cubriendo a Casalia todo el tiempo y ahora ese velo se lebantaba
y dejaba ver lo que había debajo. Una bella mujer, de ojos claros y cabellos
castaño, salpicado de canas y con labios gruesos le sonreía con dulzura.
–
¿Cómo te llamas niña?
La niña dijo su nombre. En ese momento todo se oscrureció.
Parecía como si el tiempo se hubiera detenido. La niña abrió los ojos otra vez.
El sol estaba alto en el cielo. El cuarto de baño seguía
mojado. La niña estaba acurrucada frente a la estufa de leña, desnuda y con el
cabello todavía húmedo. Su madre entró a la casa y le preguntó que qué estaba
haciendo.
–
¡Me llamo Micaella!
Gritó. Su madre corrió a abrazarla. Por fin había encontrado
su nombre. De inmediato empezó a hablar de los preparativos para una gran
fiesta, de lo contento que estaría su padre, de cómo harían el anuncio en la
isla. Pero Micaella no la escuchaba. Su mente estaba a muchos kilómetros de
distancia, en una isla mágica, donde una bella mujer le sonreía. Se acercó a su
madre y la abrazó con fuerza. Pegó el oido a su pecho y escuchó el latir de su
corazón. Colgada de la pared del fondo había un marco con un viejo dibujo. Era
un pequeño bote con una niña abordo moviendo la mano en señal de despedida. Su
tía lo había hecho muchos años atrás. Regresó la mirada al rostro de su madre
que la veía intensamente. Por unos momentos las dos se observaron. Micaella
seguía oyendo el latido del corazón de su mamá. En su mente escuhó un susurro
que le dijo “gracias”. Luego bajó la cabeza y cerró los ojos. Se quedó abrazando
a su mamá por mucho tiempo, feliz de estar con ella y de poder sentir la tibieza
de su cuerpo junto al suyo.
A lo lejos, en la playa, una pequeña tortuga se hacercó
lentamente al mar. Cuando las primeras olas la alcanzaron, brilló por un
momento y luego se sumergió rapidamente aprovechando la corriente mar adentro. Nadie
la vio en ese momento, y nunca más regresó a esas costas.
1.-Sugiero: Sin embargo (explicar cómo se siente, que la veamos triste), sueña con tener un nombre. Los otros niños de la isla lo tienen (explicar quién les pone el nombre para justificar que ella no tiene porque no se tiene ideas). El problema es que a ella no le vienen las ideas. (cambié redacción)
ResponderBorrar2.- "los mayores les enseñaban las formas de su gente" No entiendo qué quieres decir con eso.
3.- En este formato no puedo poner sangría pero los diálogos deben ir con sangría. Aquí trato de poner cómo debería ir la puntuación de esto:
-Para poner una tienda de ropa -le respondió.
Ella de inmediato le preguntó emocionada cómo se llamaría su tienda, pensando que le daría alguna idea.
-No había pensado en ponerle ningún nombre, no hace falta. Eres una niña muy rara.
4.-"se rió y le contestó que lo dejara trabajar." Sugiero cambiar la palabra "contestó" por otra más explicativa.
5.- "Salió del lugar del baño escurriendo y fue a ver qué era lo que se oía cerca de la estufa de leña. " Sugiero: Salió escurriendo a ver qué era lo que se oía cerca de la estufa de leña". Porque hay otro fue más abajo y sobra eso de "el lugar".
6.- Falta un acento en la O "También le acercó"
(continúo más tarde)
7.- En el inicio cambiaría esto al final de la frase "a más de ciento cincuenta y seis millas náuticas de Kiribati, donde habitan noventa y cuatro personas y con una elevación máxima de tres metros sobre el nivel del mar".
ResponderBorrar8.-Hay dos acercó juntos. “El animalito se acercó a las hojas, pareció mirarlas extrañada” y si hablas de animalito debes decir “extrañado” revisa la concordancia en el género. Y muchas “tortuga” y más adelante muchas “niñas”.
9.-acercó a una pequeñas
10.-Como no es un diálogo no tienes que poner guion. “y le dijo: “Ahora ya puedes seguir tu camino”.
11.- “La leyenda cuenta que la niña logró rescatar no sólo a una, sino a varias niñas que estaban prisioneras en una tierra lejana, y que en el proceso había quedado convertida en oro, permaneciendo para siempre en aquel mundo mágico.” Revisa puntuación. No sé si “proceso” es una palabra de cuento de niños.
12.- “La pequeña tomo” acento en: tomó.
13.- Me parece que debes mostrar más y explicar menos. Por ejemplo que la niña va débil en la barca, y luego se repone.
14.-“ –A Crante, por su puesto ¬ – respondió el capitán como si fuera lo más lógico del mundo.
(aparte) Al …
15.- Creo que debe ser más dinámico el cuento. Tienen que pasar más cosas y menos trámites y explicaciones. Es muy largo para que un niño se siente a leerlo y en cada reglón le tienes que dar algo emocionante o divertido porque si no se va a aburrir. Por ejemplo, en el párrafo que empieza así: Pero esa primera noche en Crante todo era diferente… hablas de ruidos y olores, mejor describe el ruido para que pongas nervioso al lector y lo sienta. Luego dices la aterraba y la intrigaba, por qué. En fin que creo que sí tienes que trabajarlo más. Trabaja la puntuación, hay muchas palabras repetidas, sugiero hacer frases más cortas y con más imágenes que los niños puedan ver el lugar y que sucedan más cosas emocionantes y sepas bien qué está pasando.
Me gustaría leer más sobre las locaciones, tómate tu tiempo para describir las islas, y el barco.
ResponderBorrarSi es un relato infantil trata de narrar con un lenguaje para niños, sin que suene tonto, pero evitando las gestiones y poniéndole más acción.
Trata de dividir tu cuento en episodios, y que cada uno tenga un pequeño desenlace, puede ser 1) la vida en la isla, 2) el trayecto en el barco y 3) Crante.
Yo contaría la leyenda primero.
La historia está buena, hay que trabajar a los personajes pero puede quedar algo muy padre.
La historia me recordó a "Momo o los hombres de gris", de Michael Ende, sobre todo por la tortuga. Si tomaste ideas de ahí, no pasa nada y si no la has leído tampoco pasa nada. El chiste es cómo contar la historia. Coincido en los comentarios de mis compañeros previos al mío, sin embargo mi observación va en el sentido de construir un primer nivel de lenguaje directo, lineal, que vaya más a la acción descriptiva (infantil) y un segundo nivel, oculto, subterráneo, subliminal (adulto) que hable del significado oculto del cuento: la búsqueda de identidad y el tiempo, que no tiene mucho problema puesto que se entiende bien.
ResponderBorrarMiguel Miranda