La musa de la inspiración. v1.3 260319
En su casa se respira paz y aroma a café. La escritora está sentada en una mesa frente al jardín, y se puede ver el gusto que siente al disfrutar su segunda taza de capuchino con canela de la mañana. En la mano sostiene un lápiz con el que tamborileaba la libreta que tiene abierta, donde no hay nada escrito. Espera a la musa de la inspiración, que parece no tener intenciones de llegar.
Una mujer se acerca a ella y le dice algo con voz suave. La paz de la escritora desaparece, de forma abrupta se levanta y camina a toda prisa al jardín. Un pequeño animal ha caído a la piscina. En un inicio la mujer lo ve sin saber qué hacer. El animal, con forma de rata gigante casi sin pelo, nada desesperado de un lado a otro. La escritora toma la escoba con la que se recogen las hojas del jardín y se lo acerca al animalejo. Éste se aleja aterrado y comienza a hundirse. La mujer hace un nuevo intento, esta vez acercándole el otro extremo del palo. El animal se sujeta firmemente con sus largas garras y permite que lo remolquen unos momentos, antes de soltarse y hundirse de nuevo, perdiendo el conocimiento. Ella lo observa en el fondo unos instantes antes de volver a meter el palo al agua. Mientras lo empuja a la superficie se da cuenta de que es una hembra, a la que ya cree muerta. La otra mujer ha estado observando todo en silencio, ahora se acerca a la orilla y con la mano lo saca arrojándolo al césped. Luego, con la escoba, le da unos empellones de un lado al otro. Escupiendo agua por el hocico alargado, el animal se levanta. Trastabillando se aleja lo más rápido que puede, hasta perderse de vista bajo unos arbustos crecidos en una esquina del jardín. Las dos mujeres se voltean a ver sin mediar palabra. Una vez que se asienta el polvo emocional del evento, la escritora regresa a su lugar, pero no a su café. Toma el lápiz y comienza a escribir, inspirada, lo que acaba de suceder, devorando renglones a gran velocidad.
Mientras tanto, entre los arbustos y aún temblando tras la traumática experiencia, la musa de la inspiración maldice para sus adentros el pésimo tino de haber caído justo en la piscina, es la desventaja de tener tan mala vista. Hace una nota mental para no volver a esa casa. Con el poco aplomo que logra reunir en su situación, gruñe: ¡Que la escritora se busque un lugar más seguro para inspirarse, o que cambie de profesión!
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