martes, 26 de marzo de 2019

Ono. V1.0 260319 Héctor


Ono.


En la isla de Alber, en el Pacífico Central, a más de ciento cincuenta y seis millas náuticas de Kiribati, donde habitan noventa y cuatro personas y con una elevación máxima de tres metros sobre el nivel del mar, hay una pequeña casa, con techo de palma, entre arbustos de grandes hojas y palmeras de coco. En ella vive una niña de diez años a quien no le falta nada para ser feliz. Sin embargo no lo es, sueña con tener un nombre. Los otros niños de la isla lo tienen. El problema es que a ella no se le vienen las ideas. Una mañana, mientras recorría descalza el corto trayecto a la casa comunal donde los mayores les enseñaban las formas de su gente, lanzando arena con los pies y viendo cómo caía unos centímetros adelante, vio a un hombre que levantaba una empalizada de bambú y le preguntó para qué era.
      Para poner una tienda de ropa.
Le respondió. Ella de inmediato le preguntó emocionada que cómo se llamaría su tienda, pensando que le daría alguna idea.
      No había pensado en ponerle ningún nombre, no hace falta, eres una niña muy rara.
La niña le explicó su dilema y dijo que buscaba ideas para ponerse un nombre, pero el hombre sólo se rió y le contestó que lo dejara trabajar.
Cuando terminó sus lecciones regresó a su casa sin ganas de hacer otra cosa y decidió darse un baño. Mientras se echaba agua fresca en la cabeza le pareció escuchar un ruido extraño, algo se arrastraba. Salió del lugar del baño escurriendo y fue a ver qué era lo que se oía cerca de la estufa de leña. Descubrió que era una pequeña tortuga. Se puso feliz y rápidamente fue por unas hojas de los arbustos para ofrecérselas para comer. También le acerco un pequeño cuenco con agua. Hacía mucho calor y estaba segura de que la tortuga querría refrescase. El animalito se acercó a las hojas, pareció mirarlas extrañada y se alejó. La niña, desconcertada corrió a donde su mamá guardaba la comida. Comenzó a sacar todo lo que le pareció algún tipo de verdura comestible y se las puso a la tortuga enfrente para que ella eligiera la que más le gustara. La tortuga lentamente se acercó a una pequeñas hojas verdes de color intenso con las que su mamá preparaba una sopa que a ella no le gustaba nada. La tortuga comenzó a comerla y la felicidad de la niña fue doble, acababa de alimentar al hambriento animal, y además se libraría de la sopa de hojas verdes. Cuando la tortuga dejó de comer, la niña, que la había estado observando, le acarició la cabeza delicadamente con el dedo y le dijo:
      Ahora ya puedes seguir tu camino.
Sus ojos se abrieron enormes cuando en el caparazón de la tortuga apareció la palabra “gracias”. La niña gritó, no de asombro o temor, sino de felicidad, sabía quién era ese ser, era la tortuga Ono, que sólo visita las casas de los niños cuando se necesitaba su ayuda. También sabía lo que tenía que hacer, se vistió rápidamente y empacó unas cuantas cosas, debía prepara su barca.
En su isla todos conocían la leyenda de la niña de oro. Hacía más de cincuenta años, una pequeña había visto a Ono, un ser mágico que le dijo que una niña, en una isla fantástica lejos de ahí, estaba prisionera y necesitaba ayuda. La niña, aunque era muy pequeña, no titubeó ni un segundo y zarpó en un bote diminuto a donde Ono le indicó. La leyenda cuenta que la niña logró rescatar no sólo a una sino a varias niñas que estaban prisioneras en una tierra lejana, y que en el proceso había quedado convertida en oro, permaneciendo para siempre en aquel mundo mágico. En Alber todos la consideraban una gran heroína, aunque nadie sabía decir bien quién era o qué había pasado con las niñas que rescató. En lo que todo el mundo estaba de acuerdo era en que si Ono aparecía nuevamente en la isla, quien fuera elegido debía acompañarlo.
Así que la niña sin nombre se dirigió a la playa y empujó su pequeño bote y subió en él. La tortuga ya estaba en el agua. La pequeña tomo un remo y la siguió.
Lo que para cualquier adulto se consideraría una prueba de resistencia, para la niña fue una verdadera hazaña de navegación. Durante tres días remó siguiendo a la tortuga, que destellaba una brillante luz blanca haciendo muy fácil su localización. En su alocada partida, no consideró llevar víveres de ningún tipo, por lo que estaba tan débil que se encontraba a punto de perder el conocimiento. Nunca supo si ella fue hacia el barco o al revés. Lo único que pudo recordar era que unos brazos fuertes la depositaban en una cama.
El capitán del barco se llamaba Carliots, era un tipo que reía mucho pero con aspecto intimidante. Dos días después de que la rescataran, la niña logró reunir las fuerzas necesarias para salir del camarote y ver dónde estaba. El barco era enorme, mucho más grande de cualquiera que hubiera visto en su vida, ni siquiera imaginaba que algo así podía existir. Era de madera con partes de metal. Las pisadas de la tripulación se escuchaban fuertemente en las tablas de cubierta. Al mirar fuera del barco no se veía tierra por ningún lado, sólo mar. La niña sintió miedo. Todo le parecía descomunalmente grande y ruidoso. Su mirada se paseaba nerviosa de un lado al otro hasta que vio al capitán. Había sido él quien se encargó personalmente de llevarle agua y comida todos los días y era la única persona que había visto hasta ese momento. A su lado había una niña de cabello rubio muy largo y liso, que parecía de su edad. La curiosidad desplazó el temor y se dirigió a ellos.
El capitán rio fuertemente al verla y celebró que ya estuviera caminando por el barco. La niña le dio las gracias por sus atenciones y preguntó que a dónde iban.
      A Crante, por su puesto
Respondió el capitán como si fuera lo más lógico del mundo. Al notar que la niña miraba con frecuencia a la pequeña a su lado, el capitán se la presentó.
      Esta es Casilia, es muy callada, pero si quieres puedes ir con ella para que te muestre el barco.
La niña asintió encantada con la cabeza y se dio vuelta para seguir a Casilia que no dijo nada y simplemente echó a andar después de oír al Capitán. La niña la siguió y mientras caminaba trataba de poner en orden las miles de preguntas que le venían a la mente, como arena revuelta por las olas de la orilla.
Casilia caminó hasta un barandal y se detuvo, dio media vuelta y dijo:
      ­Aquí abajo duerme la tripulación, es mejor que no vayas. También están las bodegas. Huele muy mal.
Antes de que la niña pudiera preguntar algo, Casilia reanudó la marcha. Tuvo que correr para alcanzarla y por fin le gritó:
      ¡Espera!
Casilia se detuvo y la observó con la paciencia con la que un gato espera que el ratón se mueva.
      ¿Qué haces tú en este barco?, ¿qué hay en Crante?, ¿eres hija del capitán?
Al escuchar la última pregunta, Casilia resopló y simplemente contestó:
      No
Luego se dio la vuelta y se fue dejando a la niña ahí parada con la garganta cerrada de tantas palabras que se peleaban por salir. No la volvió a ver en los siguientes cuatro días que pasó en el barco.
Nadie le habló en ese tiempo y por supuesto nadie respondió sus preguntas. Ella casi ni lo notó ya que en su mente se desarrollaba un intenso diálogo que construía una teoría tras otra de quién era Casilia y lo que hacía en el barco, para luego, como castillos de arena alcanzados por el agua, ser desvanecidas sin sustento y dar paso a nuevas construcciones.
En la mañana del cuarto día, cuando por fin se acercaban a Crante, la niña no podía creer lo que veía. Ni en las historias más locas de los mayores se mencionaban cosas tan extrañas. Montañas, plantas gigantescas, un muelle más grande que toda su isla, muchos barcos todavía más impresionantes que el del capitán Carliots. Y gente, más gente de la que podía juntar en su imaginación. Casi dio un brinco cuando vio a Casilia parada a su lado. No la había oído llegar. Y su sorpresa fue todavía mayor cuando la tomó de la mano y le dijo:
      Ven conmigo y no te separes.
Casilia bajó del barco con toda naturalidad y se internó en el poblado. No paró ni habló con nadie. La niña estaba tan confundida con todo lo que veía y tan nerviosa, que apretaba fuertemente la mano de Casilia, hasta que esta volteó a verla de manera abrupta y la niña aflojó automáticamente la mano. Caminaron durante unos cuarenta minutos y el barullo del poblado empezó a disminuir, quedando como un zumbido a lo lejos. Casilia se internó en la selva, por un camino rocoso hasta que llegó a una hermosa cabaña, de techo alto de madera y piso de piedra. Adentro, el vestíbulo era muy amplio, con una estufa de leña en el centro y muchas alacenas a lo largo de la pared a la derecha.  Había dos pequeñas habitaciones y un cuarto de baño ¡dentro de la misma cabaña!
La niña estaba encantada, y aunque aún se sentía abrumada por todo lo que estaba pasando, empezó a relajarse y a sentirse bien en ese lugar. Lo cual la llevó a hacer preguntas. Casilia sólo le dijo que debía ser paciente. Viviría ahí con ella, tendría todo lo necesario para estar cómoda y alimentarse bien, pero no debía preguntarle nada hasta que fuera luna nueva.
      ¡Pero si fue ayer!, ¡faltan dos semanas!
Le gritó. Casilia ni siquiera se dignó a mirarla. Su melena rubia se balanceaba de un lado al otro mientras iba sacando cosas para la comida de las alacenas. Cuando fue claro que no había tema de discusión, la niña cambió la pregunta.
      ¿Y dónde están tus padres?
      Vivo sola.
A la pequeña le pareció muy extraño pero entendió que no había manera de sacarle algo más a Casilia. Recordó lo que sucedió en el barco cuando le hizo muchas preguntas y un escalofrío recorrió su cuerpo al imaginarse en ese lugar sin ella.
En la noche la pasó mal. Le gustaba dormir, sus sueños siempre eran lindos y emocionantes, muchas veces luchaba por no salir de ellos cuando sentía que se estaba despertando. Pero esa primera noche en Crante todo era diferente. Los ruidos en la selva y los olores la ponían nerviosa. Y cuando por fin se durmió tuvo sueños raros y se sintió muy angustiada. Escuchaba la voz de Casilia que le pedía ayuda, ella no la podía ver y le gritaba que dónde estaba, volteaba en todas direcciones y sólo veía oscuridad. La voz de Casilia llagaba de todas direcciones, le decía que la liberara, que buscara dentro de si misma. Al despertar la niña se sentía más cansada que cuando se acostó. En su segundo día en Cantre le preguntó a Casilia si podía regresar al poblado para conocerlo mejor, el lugar la aterraba y la intrigaba por igual. Casilia accedió y juntas estuvieron recorriendo las calles y viendo todo tipo de sitios y actividades. Dando que la isla comerciaba con todas las otras islas del Pacífico Central y el Pacífico Sur, en cada rincón había cosas asombrosas y nuevas para la niña.
Durante todo el trayecto nadie les habló ni les impidió el paso. Como si fueran invisibles. Era tanta su emoción que eso no le pareció importante.
Transcurrieron los días y las dos niñas formaron un fuerte lazo. Un día se llevó una sorpresa cuando Casilia se rio de algo que ella le contaba, era un sonido tan dulce y agradable que deseó poder escucharlo con más frecuencia.
Casi habían transcurrido las dos semanas cuando, justo a media noche, Casilia la despertó y le dijo:
      Debes buscar en tu interior, ahí está tu nombre esperando, no te lo puedo decir, tú debes encontrarlo, busca, confía en tu voz, ¡encuéntralo! O quedarás atrapada en esta isla. No puedo decir más. Cuando la luna nueva llegue, te lo explicaré todo.
Después Casilia salió de la cabaña y no volvió hasta que llegó la luna nueva.
La niña dormía otra de esas noches inquietas y angustiantes cuando Casilia la despertó. Ese día lo había pasado llorando. Estaba triste y espantada desde la noche que Casilia se había ido. Se sentía sola y deseaba más que nada en el mundo regresar a su casa. Las palabras de Casilia la habían alterado mucho, aunque no había entendido muy bien, la posibilidad de quedar atrapada en esa isla le provocaba terror. Aún tenía los ojos enrojecidos e hinchados cuando los abrió para ver a Casilia sentada delante suyo con una vela en las manos. Al verla se abalanzó hacia ella y la abrazó. Casilia la sostuvo con delicadeza y acarició sus cabellos. Le susurró al oído que la perdonara y le dijo que ahora todo estaría bien.
      ¿A dónde fuiste?, ¿porqué me dejaste aquí sola?
      Tenía que hacer muchas cosas, si todo sale bien, esta noche nos iremos.
      ¿Tú estás atrapada en esta isla?
      Sí, llevo muchos años atrapada aquí. Te he estado esperando todo este tiempo. Sólo tú puedes liberarme.
      ¿Liberarte?, ¿cómo?, ¿porqué me has estado esperando a mi?
      Sólo debes cantarme una canción.
      ¿Eso es todo?, ¿una canción y ya?, ¿para eso me has traído hasta aquí?
      Yo no te he traído, ha sido Ono, de la misma forma que me trajo a mi hace tanto tiempo.
      ¿Osea que tú viniste a liberar a una niña?
      A tres, para ser exactos.
      ¡Entonces tú eres la niña de oro!
      Sí, yo también soy de Alber, hace cincuenta años llegué a este lugar donde estaban atrapadas tres niñas. Ono me trajo y me enseñó la manera de liberarlas, sólo que yo misma quedé atrapada porque la condición para que saliera era imposible de lograr.
      No entiendo, ¿porqué no le pediste al capitán Carliots que te llevara de regreso?, ¡estoy segura de quelo habría hecho!
      El capitán no puede hacer nada por mi. La isla es mágica, los adultos pueden salir pero los niños no. ¿Te diste cuenta de que no hay niños en el pueblo?, es porque los habitantes de este lugar son todos de otras islas, nadie ha nacido aquí jamás, y mientras están aquí nadie puede tener hijos. Cuando un niño llega de otro lado queda atrapado y sólo se puede alejar en barco mientras esté en compañía de un adulto de Crante. Pero si ese niño toca suelo en otra isla, muere al instante.
      Por eso que Ono va en busca de otros niños, para ayudar a los que quedan atrapados. ¿pero y porqué no te dijo cómo salir?
      Sí lo hizo, sólo que no se podía. La magia de la isla pone condiciones diferentes a cada niño que se quiere ir. En mi caso, solo puedo irme si me canta una canción, alguien de mi sangre…
      Espera, ¿quieres decir…?
      Sí, somos primas.
Al oír esto, una cascada de recuerdos casi ahogan a la niña, su madre llorando en el entierro de su tía. Su tío que se fue en un barco en busca de algo y que nunca volvió. Los mayores de la aldea que detenían sus conversaciones cuando ella aparecía y la miraban con ojos tristes. El dibujo que estaba en su casa y que su mamá se había empeñado en conservar.
      Pero si todo eso es verdad, tú deberías ser…
      Sí, soy casi una anciana, atrapada en un cuerpo de niña. Cuando me liberes tomaré mi forma, y podré dejar la isla, si quisiera.
      ¿Qué quieres decir?
      Deseo liberarme de la magia que me mantiene atada, pero no me iré de la isla, este es mi hogar. Aquí pasaré mis últimos años. A menos que en algún momento me apetezca salir, al menos ya tendré la libertad de elegir.
      ¿Y yo?, ¿me quedaré aquí siempre?
      Eso depende de ti, cuando le diste de comer a Ono, él vio tu noble corazón, y espera sinceramente que vuelvas a casa, me ha pedido que te diga, que la condición para que eso pase es que encuentres tu nombre.
      ¡Pero cómo voy a hacer eso!, ¡no me vienen las ideas!
A la niña le escurrieron lágrimas por las mejillas, se sentía muy asustada. La idea de no poder volver a casa era demasiado para ella. Intentó controlarse frente a Casilia, ella llevaba muchos años atrapada y no estaba llorando.
      Debes buscar dentro de ti. Tu nombre siempre ha estado ahí. Es un nombre hermoso, debes escuchar tu corazón.
La niña cerró los ojos. No podía concentrarse, todo lo que Casilia había dicho le daba vueltas en la cabeza y se sentía mareada.
      Si no encuentro mi nombre al menos te liberaré a ti. ¿Cuál es esa canción?
Casilia tomó una hoja de papel y empezó a escribir. Al terminar se la extendió a la niña.
Quinque maque canseka
eskante esanteua sakante
cartenas eaque ertankue
quarte mastek natlue quenqui
entalek aslek mui etarebil is.
Las palabras no tenían el menor sentido. Las leyó varias veces tratando de imaginarse cómo sería la tonada. No logró más allá de una penosa lectura en voz baja con muchos errores.
      No entiendo nada, no sé cómo se canta esto.
            Es una canción mágica, pero la magia sólo funciona durante la luna nueva. Lo único que debes hacer es leerla con el corazón.
      ¿Y cómo se hace eso?
      Lo harás, porque tu intención es pura y buena, pero por favor, no si antes no has encontrado tu nombre. De  lo contrario me liberarás pero tú quedarás atrapada para siempre.
      ¡Pero ya te dije que no sé cómo hacerlo!
      Cierra tus ojos.
La niña los cerró con fuerza, había comenzado a llorar de nuevo y todo su cuerpo temblaba. Trató de no gritar pero no pudo contenerse. Rompió en sollozos y dio rienda suelta al llanto.
Casilia la abrazó en silencio y la sostuvo por largo rato. Estuvieron así hasta que la niña se calmó y el sueño la venció. En su sueño se encontró en la playa, el lugar le era familiar, volteó hacia atrás y a lo lejos vio su propia casa. Su corazón se llenó de felicidad y corrió ahacia ella. Abrió la puerta de golpe y vió a su mamá y su papá que se levantaron para recibirla con un abrazo. ¡Haz vuelto! Le pareció que le dijo su mamá. De pronto se trasladó de nuevo a la playa, nuevamente vio su casa y corrió a ella. Al entrar sólo su padre la recibió. Ella preguntó por su mamá y le dijo que no estaba, que había tomado una barca y se había ido a buscarla, y que nunca regresó.  De nuevo la playa, de nuevo su casa, al entrar sólo está su madre, llorando sentada en el vestíbulo. Ella entra y la abraza y le pregunta que qué pasa, su madre no contesta, parece que no la ve. La playa otra vez, ahora no corre a casa, camina, le da miedo abrir la puerta, cuando lo hace no hay nadie. Todo está cubierto de polvo, muchas cosas están rotas por el suelo. Grita llamando a sus padres, no hay repsuesta. Ya no quiere ver la playa. Se da la media vuelta y se dirige a la casa comunal. Ahí tampoco hay nadie. Sigue caminado. Llega al otro extremo de la isla. Está desierta. Al llegar a la playa ve una roca y se acerca para tomarla. Pero no es una roca, es Ono. En su caparazón se puede leer: busca dentro de ti. Ella entiende. Siempre quizo que alguien le dijera cuál era su nombre, o buscaba inspirarse con los nombres de otras personas o de objetos. Siempre pensó que las ideas llegarían a ella, de algún lado, de alguna forma. Abrió los ojos.
La niña se incorporó y tomó el papel con la cación escrita. Comenzó a recitarla. Casilia estaba sentada calmadamente frente a ella. Un brillo la bañó. El pelo rubio se elevó y le flotó alrededor de la cabeza. En ese momento la niña se dio cuenta de que no era pelo. Era como si un velo hubiera estado cubriendo a Casalia todo el tiempo y ahora ese velo se lebantaba y dejaba ver lo que había debajo. Una bella mujer, de ojos claros y cabellos castaño, salpicado de canas y con labios gruesos le sonreía con dulzura.
      ¿Cómo te llamas niña?
La niña dijo su nombre. En ese momento todo se oscrureció. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido. La niña abrió los ojos otra vez.
El sol estaba alto en el cielo. El cuarto de baño seguía mojado. La niña estaba acurrucada frente a la estufa de leña, desnuda y con el cabello todavía húmedo. Su madre entró a la casa y le preguntó que qué estaba haciendo.
      ¡Me llamo Micaella!
Gritó. Su madre corrió a abrazarla. Por fin había encontrado su nombre. De inmediato empezó a hablar de los preparativos para una gran fiesta, de lo contento que estaría su padre, de cómo harían el anuncio en la isla. Pero Micaella no la escuchaba. Su mente estaba a muchos kilómetros de distancia, en una isla mágica, donde una bella mujer le sonreía. Se acercó a su madre y la abrazó con fuerza. Pegó el oido a su pecho y escuchó el latir de su corazón. Colgada de la pared del fondo había un marco con un viejo dibujo. Era un pequeño bote con una niña abordo moviendo la mano en señal de despedida. Su tía lo había hecho muchos años atrás. Regresó la mirada al rostro de su madre que la veía intensamente. Por unos momentos las dos se observaron. Micaella seguía oyendo el latido del corazón de su mamá. En su mente escuhó un susurro que le dijo “gracias”. Luego bajó la cabeza y cerró los ojos. Se quedó abrazando a su mamá por mucho tiempo, feliz de estar con ella y de poder sentir la tibieza de su cuerpo junto al suyo.
A lo lejos, en la playa, una pequeña tortuga se hacercó lentamente al mar. Cuando las primeras olas la alcanzaron, brilló por un momento y luego se sumergió rapidamente aprovechando la corriente mar adentro. Nadie la vio en ese momento, y nunca más regresó a esas costas.

4 comentarios:

  1. 1.-Sugiero: Sin embargo (explicar cómo se siente, que la veamos triste), sueña con tener un nombre. Los otros niños de la isla lo tienen (explicar quién les pone el nombre para justificar que ella no tiene porque no se tiene ideas). El problema es que a ella no le vienen las ideas. (cambié redacción)

    2.- "los mayores les enseñaban las formas de su gente" No entiendo qué quieres decir con eso.

    3.- En este formato no puedo poner sangría pero los diálogos deben ir con sangría. Aquí trato de poner cómo debería ir la puntuación de esto:
    -Para poner una tienda de ropa -le respondió.
    Ella de inmediato le preguntó emocionada cómo se llamaría su tienda, pensando que le daría alguna idea.
    -No había pensado en ponerle ningún nombre, no hace falta. Eres una niña muy rara.

    4.-"se rió y le contestó que lo dejara trabajar." Sugiero cambiar la palabra "contestó" por otra más explicativa.

    5.- "Salió del lugar del baño escurriendo y fue a ver qué era lo que se oía cerca de la estufa de leña. " Sugiero: Salió escurriendo a ver qué era lo que se oía cerca de la estufa de leña". Porque hay otro fue más abajo y sobra eso de "el lugar".

    6.- Falta un acento en la O "También le acercó"

    (continúo más tarde)

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  2. 7.- En el inicio cambiaría esto al final de la frase "a más de ciento cincuenta y seis millas náuticas de Kiribati, donde habitan noventa y cuatro personas y con una elevación máxima de tres metros sobre el nivel del mar".
    8.-Hay dos acercó juntos. “El animalito se acercó a las hojas, pareció mirarlas extrañada” y si hablas de animalito debes decir “extrañado” revisa la concordancia en el género. Y muchas “tortuga” y más adelante muchas “niñas”.
    9.-acercó a una pequeñas
    10.-Como no es un diálogo no tienes que poner guion. “y le dijo: “Ahora ya puedes seguir tu camino”.
    11.- “La leyenda cuenta que la niña logró rescatar no sólo a una, sino a varias niñas que estaban prisioneras en una tierra lejana, y que en el proceso había quedado convertida en oro, permaneciendo para siempre en aquel mundo mágico.” Revisa puntuación. No sé si “proceso” es una palabra de cuento de niños.
    12.- “La pequeña tomo” acento en: tomó.
    13.- Me parece que debes mostrar más y explicar menos. Por ejemplo que la niña va débil en la barca, y luego se repone.
    14.-“ –A Crante, por su puesto ¬ – respondió el capitán como si fuera lo más lógico del mundo.
    (aparte) Al …
    15.- Creo que debe ser más dinámico el cuento. Tienen que pasar más cosas y menos trámites y explicaciones. Es muy largo para que un niño se siente a leerlo y en cada reglón le tienes que dar algo emocionante o divertido porque si no se va a aburrir. Por ejemplo, en el párrafo que empieza así: Pero esa primera noche en Crante todo era diferente… hablas de ruidos y olores, mejor describe el ruido para que pongas nervioso al lector y lo sienta. Luego dices la aterraba y la intrigaba, por qué. En fin que creo que sí tienes que trabajarlo más. Trabaja la puntuación, hay muchas palabras repetidas, sugiero hacer frases más cortas y con más imágenes que los niños puedan ver el lugar y que sucedan más cosas emocionantes y sepas bien qué está pasando.

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  3. Me gustaría leer más sobre las locaciones, tómate tu tiempo para describir las islas, y el barco.
    Si es un relato infantil trata de narrar con un lenguaje para niños, sin que suene tonto, pero evitando las gestiones y poniéndole más acción.
    Trata de dividir tu cuento en episodios, y que cada uno tenga un pequeño desenlace, puede ser 1) la vida en la isla, 2) el trayecto en el barco y 3) Crante.
    Yo contaría la leyenda primero.
    La historia está buena, hay que trabajar a los personajes pero puede quedar algo muy padre.

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  4. La historia me recordó a "Momo o los hombres de gris", de Michael Ende, sobre todo por la tortuga. Si tomaste ideas de ahí, no pasa nada y si no la has leído tampoco pasa nada. El chiste es cómo contar la historia. Coincido en los comentarios de mis compañeros previos al mío, sin embargo mi observación va en el sentido de construir un primer nivel de lenguaje directo, lineal, que vaya más a la acción descriptiva (infantil) y un segundo nivel, oculto, subterráneo, subliminal (adulto) que hable del significado oculto del cuento: la búsqueda de identidad y el tiempo, que no tiene mucho problema puesto que se entiende bien.

    Miguel Miranda

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