Receta de arroz
Sergio Orduña
La receta del arroz me llegó un día de la semana pasada... creo que fue el jueves ... sí, fue el jueves después del miércoles. No hay duda.
Yo había llegado de hacer algunas diligencias, entre ellas buscar un libro para Emilio en la librería Porrúa -es una sorpresa pues sé que él lo ha estado buscando hasta por internet, así que porfavor no le digan-. Sólo tenían el libro sobre pedido. Lo encargué y compré un par de libros más: uno de Rosa Beltàn y uno de Samanta Schweblin, aprovechando que tenían 30% de descuento.
Era mediodía cuando llegué a casa. Estoy seguro que era mediodía porque recuerdo perfecto haber mirado el celular en el elevador para parecer ocupado y evitar que me hiciera conversación la vecina que trae a su perrito sin correa- eso está prohibido y hasta un tiempo la administración estuvo pegando avisos por todas las áreas comunes pidiendo que los que tengan mascotas las saquen cargando o con correa- .Decía que miré la hora en el celular -no es grosería que yo haga eso pero no quiero que me vuelva a pasar lo que me pasó hará unas dos semanas cuando también venía en el elevador y en planta baja se subió un señor que yo nunca había visto y yo por cortesía le dije buenas tardes y entonces él en vez de responder buenas tardes o de perdido “buenas”, me miró bien fijo y me preguntó: usted tiene auto?.... yo no le contesté pues sé que hay gente que te hace ese tipo de preguntas para sacarte información y luego te asaltan o hasta te secuestran. Llegamos a mi piso y cuando me iba a bajar el señor me entregó una tarjeta y me dijo: soy dueño de un auto lavado, lleve su coche y con esta tarjeta le harán descuento. Decía que miré la hora en el celular y eran las 12:34 y a mí me pasa muy seguido que quiero saber la hora y miro el celular y son las 12:34...osea 1-2-3-4...así en secuencia y pues eso es algo que llama la atención y no se olvida y por eso estoy seguro que era mediodía cuando llegué a casa.
Al entrar escuché a mi mujer hablando por teléfono y al mismo tiempo tecleando la computadora. Cuando volteó yo le lancé un beso y seguí hacia la recámara para no interrumpir. Entonces ella tapó con la mano el micrófono del celular y en lugar de saludarme miró el bulto que yo cargaba y me preguntó: qué traes ahí?! Yo giré un poco la bolsa de los libros para que ella pudiera leer claramente “Porrúa” en letras negras y grandes... de nuevo miró la bolsa y luego me miró a mí con impaciencia: ¿no me vas a decir?...como no me gusta que me interroguen le respondí: “son cosas mías “ y me apresuré hacia la recámara. Yo sé que es muy peligroso retar así a mi mujer pero me la jugué porque la ví muy ocupada, y efectivamente me dejó ir sin más.
Ya en la habitación vacié los libros sobre la cama, encendí el ventilador y me quedé en ropa interior. Sentado en la orilla del colchón me puse a hojearlos.
Mi mujer apareció en el marco de la puerta. Yo sentí su mirada reprobatoria y temí lo peor. Me dijo: “está la señora de la limpieza y tú andas en calzones”...no son calzones, me defendí “son bóxers... los calzones los usan los niños”. “¡Exacto!” me contestó y desapareció.
Satisfecho me acomodé de mi lado de la cama, me tapé hasta la cintura y tomé el libro de Samanta Schweblin. A mí me gustan mucho las historias de Samanta Schweblin, y además es mi amiga... es mi amiga desde hace unos tres meses que la descubrí en el YouTube. La estaban entrevistando y ella dijo cosas muy interesantes... aparte es muy guapa y con ese acento argentino que en general me choca pero en ella suena hasta sexy y.....esto no se lo van a mostrar a mi mujer verdad?.... De acuerdo. Decía de la entrevista de Samanta. En un punto ella hablaba de sus influencias literarias y mencionó a Cortázar, -otro amigo mío de muchos años-. Luego volteó a la cámara y me dijo que le gusta leer sus libros de relatos en desorden, abriéndolos al azar y comenzando con ese cuento. Yo le dije que hago exactamente lo mismo y ella sonrió... desde entonces somos amigos.
La puerta de la habitación estaba abierta y de la estancia me llegaban las voces de mi mujer y de Frank Sinatra... ella dando instrucciones a la muchacha y él cantando sin hacerles caso.
Entonces abrí al azar el libro de Samanta y comencé a leer el relato de Teresita. Teresita está adelantando su llegada y eso tiene a todos contrariados.
La señora de la limpieza apareció en el marco de la puerta escoba en mano... me lanzó una mirada reprobatoria y desapareció. Yo sentí un poco de vergüenza de estar acostado leyendo a pleno mediodía mientras tanta gente está en chinga trabajando... luego pensé que no debo sentirme mal pues también hay mucha gente como los artistas y los millonarios que a esta hora ni se han levantado y nadie les dice nada... al contrario hasta se cuidan de hacer ruido y despertarlas.
La narración avanza y descubro que Teresita es una bebé que está viniendo prematura y al parecer se quieren “desembarazar” de ella revirtiendo de algún modo el proceso de la gestación....esta situación me angustia y además me
empieza a entrar ese sueño como en duermevela que a veces me ataca cuando estoy leyendo. Cuando esto sucede yo sé que lo mejor es interrumpir la lectura y ceder al sueño pues de lo contrario la historia se empieza a distorsionar y me pierdo... como me pasó con ese libro de Roberto Bolaño que estaba leyendo el año pasado donde por ahí del tercer capítulo me llegó la duermevela y como estaba intrigado seguí leyendo pero nomás no podía pasar del segundo párrafo porque me medio dormía y enseguida despertaba y regresaba a releer el párrafo y cada vez el sentido de la historia era diferente y así seguí hasta que me quedé dormido con el libro encima. Pero ahí no acabó porque la historia continuó en mi sueño y para entonces yo ya era parte de la trama y gran parte del peso recaía en mí...por la mañana desperté muy acongojado y todo el día estuve debatiendo si debía retomar la lectura del libro, pues estaba seguro -y sigo estando seguro- de que la historia ya se modificó también en el libro y honestamente yo no puedo asumir esa responsabilidad pues aunque Bolaño también es mi amigo, sus personajes no tienen ataduras y se la pasan viajando de un continente a otro como quien sale al parque y yo definitivamente no tengo esa disponibilidad. Además mi mujer nunca lo aprobaría.
Si les parece les sigo contando del jueves. De acuerdo.
Retomé la lectura y a pesar del sueño avancé hasta casi el final de la historia. Las cosas no iban bien para Teresita y a mí me invadió una terrible tristeza... se me nubló la vista y pensé que no podría continuar. Fue entonces cuando me llegó la receta del arroz... me llegó así clarito como un dictado que se fue transcribiendo sobre la última página, convirtiéndose en el nuevo final del relato de Sananta.
nota: a quienes les interese conocer la receta del arroz, la pueden encontrar en la nueva edición del libro de Samanta Scweblin ¨Pájaros en la boca¨, editorial Almadía.
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