jueves, 18 de julio de 2019

Los distractores (versión ñoña)


¿Alguna vez te ha pasado por la mente, trascender, a través de las letras? A mí sí. Te cuento:

            Hace algunos meses me inscribí en un taller de escritura creativa. Cada semana, se nos asigna una tarea relativa a un tema en común, que nos haga soltar la pluma, o mejor dicho, el teclado. La misión, que todos decidimos aceptar, es exponernos abiertamente a la crítica de la clase, con la finalidad de revisar nuestros errores y así mejorar en este arte.

            Pues bien, en alguna sesión, fui la primera al bate, con un texto bien simplón pero como siempre, cumpliendo al pie de la letra con las indicaciones para su elaboración. Acto seguido, leímos algunos poemas algo subidos de tono con los que se empezaban a calentar los ánimos, yo me pregunto, ¿qué pasará por la mente de estos autores, para que se lancen a escribir de esta manera? Pero bueno, la noche se la llevó una vez más, Sergio con su texto: “Los distractores”. Soy su fan, me encanta cómo escribe, porque tiene una habilidad tan particular de poner de buenas hasta al más avinagrado.

            Pero ¿qué crees?, a Sergio las instrucciones le importaron un pepino, y hasta se atrevió a relatar de manera chusca, el comportamiento de nuestros profesores. ¡Qué barbaridad! ¿a dónde hemos llegado? Eso no es lo peor, ¡espérate!, yo esperaba que los teachers le llamaran la atención, y al parecer, nadie vio su desfachatez.  Hasta le festejaron su chiste, disfrazándose de acuerdo con su relato y tomándose fotos. ¿Acaso así habrán aprendido a escribir Cervantes y Sor Juana? Por el contrario, mi historia, apegada a la normativa, ni la pelaron, sólo dijeron: next. Totalmente injusto, ¿no?

            La verdad es que yo creo que Sergio, es tan distraído como su narración, es del tipo de gente extraordinaria, que entiende la vida como una oportunidad de cumplir sus sueños.  Que se atreve a defenderlos de un sistema, que ha inventado el hombre, para convencernos de invertir nuestro talento y nuestro tiempo en aquello que demanda el mercado, diciéndonos de manera constante: ¡enfócate en tu meta!, ¡no te distraigas!


            ¿Recuerdas tus clases de historia?, en la mayoría de los textos que se refieren a algún tipo de abolición de la esclavitud, se repite un mismo patrón. Los esclavos se liberan, “por respeto a sus derechos humanos”, pero la realidad es que dicha “liberación”, ocurre para no tener que mantenerlos más, porque resulta sumamente costoso. Así que, para darle un toque heroico, nos dicen que ¡la humanidad triunfa con este logro! y se les da un trabajo, con el cual, pagan por tener acceso a la comida y techo que antes sus dueños costeaban, ¡vaya negocio!

            Y así vivimos actualmente, engañados. Soñando con dedicarnos a aquello por lo que la sociedad paga más, porque ¡es lo que se necesita para impulsar la economía!, eso se nos ha vendido como “éxito”. Entonces, como somos muy “exitosos”, compramos con nuestro esfuerzo, la casa, el auto y demás cosas de “nuestros sueños”, que no son más que necesidades inventadas, para fomentar el consumo. Pero, que no se te olvide, las personas exitosas, viven sin distractores y enfocadas en sus metas, inventadas también, para el mismo fin.

            Si bien es cierto que, existe una fuerte tendencia, por ganarse la vida haciendo lo que amas, sólo se logra si te decides a desafiar este régimen.

            Supongo que, después de todo esto pensarás, que a mí sí me convenció este sistema, porque siempre hago lo correcto y me apego a las normas. Es posible.

            La realidad es que, los textos que nos dejan de tarea, ni es lo que me gusta leer, ni mucho menos escribir; ¿por qué los escribo entonces?, para fortalecer mi habilidad verbal, ejercitar mi mente y aprender a mirar la vida desde diferentes perspectivas, para lograr así, algún día, cumplir mi sueño: trascender con mis palabras.
           



Ausencia debVida


Ausencia debVida

Todos los retrasos injustificados, las escusas y engaños, diluían aquel vínculo sellado por el pacto que, hipotéticamente, sólo la muerte podría disolver.

            Suena la alarma, cada amanecer me augura la repetida sensación de alcanzar una cumbre desde donde sólo puedo apreciar el vacío.  Y es que una familia, un ingreso, un techo y las comodidades, son privilegios de los que pocos gozamos, por ello va, la primera gratitud del día.

            Beso a mis hijas, las alimento y las encauso. Algunos cuyo tiempo para convertirse en padres se agota, anhelan realizar alguna vez estas acciones. Segunda gratitud.

            Ha llegado un punto en mi realización en el que percibo la admiración de mis colegas, de mis amigos y familiares por cumplir la meta impuesta en el consciente colectivo de nuestra sociedad. Ahora tengo todo a lo que es debido aspirar. Tercera gratitud, una más y otra. Si esto no es felicidad y gloria, tu apreciación de la realidad pone en duda tu cordura.

            “Yo no estoy loca”, le dije totalmente iracunda, lo que afirmaba su veredicto. Mi desconsuelo no le causó ningún impacto y solo dijo: “Necesitas ayuda”.

                 “¿Motivo de consulta?”
                 “Necesito ayuda”

Pre-ocuparme me desgarraba las entrañas sin saberlo, era una condición cotidiana. Empecé a ocuparme y un pequeño gozo iluminó levemente mi alma agonizante.

      Mi terapeuta cuestionaba mis actos con una simpleza magistral, evocando un razonamiento que enfrentaba a esa princesa mal nacida en mi intelecto. De pronto lanzó de golpe la herida mortal: “Tú no tienes una vida”.

      “Tú no tienes una vida”. “Tú no tienes una vida”. “Tú no tienes una vida”. El parteaguas entre un rumbo nuevo y mis sueños impuestos.

      Madre de…, esposa de…, hija de…, amiga de… Creí que, buscando un poco, algo podría converger, pero jamás se dejó ver lo que yo pretendía, o mejor dicho lo que yo necesitaba.

      Con una firme avidez de evidenciar en el diván, que mi existencia tenía como líder a mi propio ser y no a mi prójimo, puse en marcha una cacería de emociones. En el reflejo de un instante percibí mi cuerpo flácido, mi cabellera desaliñada y mi rostro descolorido y traslúcido. La derrota era inminente.

      La conciencia de haberlo perdido todo, me obligaba a buscar una muerte digna, al menos presentable. Quizá no sería una mala idea salir de compras, cambiar mi imagen y brindar por mi desgracia con mis aliadas y consejeras. La embriaguez avivaba el deseo de elevar mis pulsaciones y mis más acertados pensamientos.

      Poco a poco el amor trascendía de la dualidad y la incondicionalidad al crecimiento individual. Esa que era la causa y la razón de ser del todo, que a cada minuto perdía su falso valor.

      Los diálogos que entablaba con mi guía se transformaban en monólogos, ella solo percibía cómo su sentencia se convertía en un exhorto, hasta el punto de considerar que había llegado el momento de su retirada.

      El lazo se rompió, en definitiva, varios meses después y con su ausencia absoluta, dejé de estar sola.