¿Alguna vez te ha
pasado por la mente, trascender, a través de las letras? A mí sí. Te cuento:
Hace algunos meses me inscribí en un
taller de escritura creativa. Cada semana, se nos asigna una tarea relativa a
un tema en común, que nos haga soltar la pluma, o mejor dicho, el teclado. La
misión, que todos decidimos aceptar, es exponernos abiertamente a la crítica de
la clase, con la finalidad de revisar nuestros errores y así mejorar en este
arte.
Pues bien, en alguna sesión, fui la
primera al bate, con un texto bien simplón pero como siempre, cumpliendo al pie
de la letra con las indicaciones para su elaboración. Acto seguido, leímos algunos
poemas algo subidos de tono con los que se empezaban a calentar los ánimos, yo
me pregunto, ¿qué pasará por la mente de estos autores, para que se lancen a
escribir de esta manera? Pero bueno, la noche se la llevó una vez más, Sergio
con su texto: “Los distractores”. Soy su fan, me encanta cómo escribe, porque tiene
una habilidad tan particular de poner de buenas hasta al más avinagrado.
Pero ¿qué crees?, a Sergio las
instrucciones le importaron un pepino, y hasta se atrevió a relatar de manera
chusca, el comportamiento de nuestros profesores. ¡Qué barbaridad! ¿a dónde
hemos llegado? Eso no es lo peor, ¡espérate!, yo esperaba que los teachers
le llamaran la atención, y al parecer, nadie vio su desfachatez. Hasta le festejaron su chiste, disfrazándose
de acuerdo con su relato y tomándose fotos. ¿Acaso así habrán aprendido a
escribir Cervantes y Sor Juana? Por el contrario, mi historia, apegada a la normativa,
ni la pelaron, sólo dijeron: next. Totalmente injusto, ¿no?
La verdad es que yo creo que Sergio,
es tan distraído como su narración, es del tipo de gente extraordinaria, que
entiende la vida como una oportunidad de cumplir sus sueños. Que se atreve a defenderlos de un sistema,
que ha inventado el hombre, para convencernos de invertir nuestro talento y nuestro
tiempo en aquello que demanda el mercado, diciéndonos de manera constante: ¡enfócate
en tu meta!, ¡no te distraigas!
¿Recuerdas tus clases de historia?,
en la mayoría de los textos que se refieren a algún tipo de abolición de la
esclavitud, se repite un mismo patrón. Los esclavos se liberan, “por respeto a
sus derechos humanos”, pero la realidad es que dicha “liberación”, ocurre para
no tener que mantenerlos más, porque resulta sumamente costoso. Así que, para
darle un toque heroico, nos dicen que ¡la humanidad triunfa con este logro! y
se les da un trabajo, con el cual, pagan por tener acceso a la comida y techo
que antes sus dueños costeaban, ¡vaya negocio!
Y así vivimos actualmente, engañados.
Soñando con dedicarnos a aquello por lo que la sociedad paga más, porque ¡es lo
que se necesita para impulsar la economía!, eso se nos ha vendido como “éxito”.
Entonces, como somos muy “exitosos”, compramos con nuestro esfuerzo, la casa,
el auto y demás cosas de “nuestros sueños”, que no son más que necesidades
inventadas, para fomentar el consumo. Pero, que no se te olvide, las personas
exitosas, viven sin distractores y enfocadas en sus metas, inventadas también,
para el mismo fin.
Si bien es cierto que, existe una
fuerte tendencia, por ganarse la vida haciendo lo que amas, sólo se logra si te
decides a desafiar este régimen.
Supongo que, después de todo esto pensarás,
que a mí sí me convenció este sistema, porque siempre hago lo correcto y me
apego a las normas. Es posible.
La realidad es que, los textos que
nos dejan de tarea, ni es lo que me gusta leer, ni mucho menos escribir; ¿por
qué los escribo entonces?, para fortalecer mi habilidad verbal, ejercitar mi
mente y aprender a mirar la vida desde diferentes perspectivas, para lograr
así, algún día, cumplir mi sueño: trascender con mis palabras.
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