Me enfermas. Es lo último que dije antes de verlo partir. Había procurado quererlo a pesar de sus rarezas, pero la nimiedad de su entrega acabó desgastando eso que llaman amor. Lo miro recargándome en la puerta mientras guarda sus cosas, con esa meticulosidad que igual me excita que enloquece.
¿Y ahora qué? Una vez más somos principio. Tú ahí, implacable, solo, perdido, con el orgullo sostenido en los minutos de un Rolex que te regalé en Navidad.
Yo, moribunda, ingrávida, casi inexistente. Una sola disculpa hubiera detenido la guerra —ya es tarde— se me murieron las promesas de tanto usarlas sin motivo.
Lo siento, se acabó, el inicio es también final. No te culpes Patricio, ojos más claros que los tuyos han violentado mi alma.
Tomas tus cosas y pasas indiferente frente a mí, rozándome los labios, provocando la huida, el arrepentimiento. Bajo la cabeza para evitar el hechizo perverso de tu seducción y te veo alejarte por la calle arrastrando nuestra historia.
Un nuevo año comienza, fuegos artificiales alumbran el cielo y el aire huele a pólvora quemada con perdón. Acomodo tu recuerdo en el estante que dejaste libre y grito con fuerza happy new year mientras una sola frase viene a mi mente una y otra vez "Te amo", "Te amo", "Te amo."
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