El
Trofeo.
El
cazador preparó su ballesta. Años de observación, entrenamiento y planeación lo
habían llevado hasta ese lugar, en ese preciso momento. El sol rozaba ya las copas
de los árboles cuando por fin, en el horizonte, distinguió las enormes alas
acercándose. Al verlo su razón se nubló, por un momento no supo si lo que
sentía era su corazón o una locomotora que se acercaba a toda velocidad, o de
dónde venía toda el agua que tenía en las manos. O si lo que temblaba era el mundo o sólo él.
Una sola oportunidad, un solo disparo, una sola flecha, un blanco perfecto. Si
cometía el más ligero error la perdería
para siempre. Con un esfuerzo inhumano, logró mantener firme el arma. Sabía lo
que debía hacer. Miles de fotografías y cientos de horas de video a lo largo de
los años le habían ayudado a calcular la altura, velocidad y trayectoria que
seguiría su presa. Lo colocó en la mira telescópica, 150 yardas, 120 yardas, 90
yardas, 70 yardas, 50 yardas, jaló el gatillo. Con un sonoro TOC, seguido de un
grito agudo que él mismo no sabría decir si salió de su garganta o de algún lugar
en el cielo, la figura alada se desplomó. Cerró los ojos unos momentos y llenó
a tope sus pulmones varias veces. Aún temblando, descendió con mucho cuidado de
la plataforma. Conforme descendía los treinta metros de altura del árbol, fue
tratando de recobrar el control de su respiración. Al poner los pies en tierra
firme se sintió mucho mejor. La caminata hasta encontrar el sitio donde su
presa había caído le ayudó a regresar a su centro. Aunque no disipó su
nerviosismo. La había visto caer, estaba seguro, pero cómo la encontraría.
Imaginaba mil escenarios por segundo, unos gloriosos y otros aterradores. Cuando
llegó a donde yacía la criatura, se arrodilló a su lado. La flecha había
perforado directamente el corazón. Dedicó varios minutos a admirarla. Verla
ahí, después de todos los años dedicados a atraparla, con un tiro perfecto, lograr
un trofeo que ningún otro cazador en el mundo tiene, con un meticuloso plan
ejecutado a la perfección… casi era demasiado para su cordura. Sin poder
dominarlo empezó a reír y a llorar de manera alternada, gritando con toda la
fuerza de sus pulmones, brincando, apretando los puños y extendiendo los brazos
al cielo, celebró su hazaña. Cuando recobró la calma, exhausto y con
movimientos rígidos, sacó de su bolsillo un diagrama que él mismo había
diseñado para el delicado proceso de quitarle la piel. La acomodó boca abajo.
Empezaría por la espalda y luego las extremidades. Sacó un pequeño cuchillo de
cuatro pulgadas y con sumo cuidado inició el corte en línea recta, empezando
del ano, siguiendo la columna vertebral hacia el cuello. La piel era gruesa y
resistente, lo que hacía mucho más fácil la tarea. El afilado cuchillo cortó
sin dificultad y, sin riesgo de rasgarla, el cazador aplicó fuerza jalándola
para ir separándola del cuerpo. Mientras cortaba y jalaba, le maravillaron los
reflejos de oro, y el azul y verde metalizado, las extremidades superiores
tenían destellos en blanco y en las
inferiores eran amarillos. Cuidando siempre la simetría, fue avanzando a los lados.
Cuando llegó a las alas, regresó a su back pack
y sacó una sierra, con la que las cercenó rápidamente. Mientras
trabajaba iba imaginando las instrucciones que le daría al taxidermista, lo
colocaría en posición de iniciar el vuelo, con la mirada al cielo y las alas
totalmente extendidas. De ser necesario demolería una de las paredes de la sala
para acomodarlo. Y por supuesto limpiaría y puliría el cráneo para el salón de
la chimenea. Por un momento la emoción lo embargó de nuevo y se le nublaron los
ojos. Una lágrima calló en la empuñadura del cuchillo. Cuando terminó, utilizó
el agua de una de sus cantimploras para enjuagarse la sangre de las manos.
Limpió con calma sus herramientas, empacó
todo de forma impecable y se dispuso a marcharse. Volteó a ver por última vez
el cadáver desollado del ángel, titubeó un momento, pensó en cubrirlo con ramas
pero el sol ya empezaba a meterse. Se alejó con una gran sonrisa en el rostro.
1.- Sugiero: Al verlo su razón se nubló, por un momento no supo si lo que sentía era su corazón o una locomotora que se acercaba a toda velocidad. ¿De dónde venía toda el agua que tenía en las manos? ¿Temblaba el mundo o sólo él?
ResponderBorrar2.- Sugiero:un grito agudo que no supo si provenía ...
3.- Las explicaciones deben ir entre dos comas, a manera de paréntesis. Y sugiero "en busca" para no confundir y juntar la siguiente frase porque es la misma idea: La caminata, en busca del sitio donde su presa había caído, le ayudó a regresar a su centro, aunque no disipó su nerviosismo.
4.- Sugiero: Después de tantos años dedicados a atraparla,verla ahí, tendida con un tiro perfecto...era un trofeo que ningún otro cazador en el mundo tenía. Su meticuloso plan había sido ejecutado a la perfección… aquello era demasiado para su cordura. Sin poder dominarse empezó a reír y a llorar de manera alternada, gritó con toda la fuerza de sus pulmones, brincó, apretando los puños para luego extendiendo los brazos al cielo celebrar su hazaña.
5.- "jalándola para ir separándola" suena mal. Trata de no poner esas dos terminaciones juntas.
Haz estas correcciones y déjalo descansar.