Bajo la mirada del peón inmóvil
la reina pasea en el jardín
de un lado al otro,
en diagonal,
en línea recta
Con un leve ademán
A distancia
él finge un humilde saludo
Ella esboza cortés,
una mueca
semeja una sonrisa
haciendo su miedo
invisible
Sabe que aquella figura es poderosa
Su avanzada
atormenta sus noches
Por eso la dama
evita la ventana al atardecer
para no escuchar la música estridente
que mantiene al peón en vela,
que la irrealidad de su lámpara
no irrumpa
la realeza de su noche.
Lo imagina sentado en la yerba,
con las piernas abiertas en compás
acechando
deseando el momento propicio
para avanzar
a la última fila
y suplantarla.
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