miércoles, 27 de agosto de 2025

"Moscú, 1925: La batalla de las Torres de Molino", de Ana Rosa Suárez



La sala del torneo está llena. Entre el humo de los cigarrillos y el murmullo de la multitud, Carlos Torre, un joven moreno de traje oscuro, nacido en la lejana ciudad de Mérida, en México, se sienta frente a una leyenda viva: Emanuel Lasker, por treinta y seis años campeón del mundo. El reloj de ajedrez empieza a latir como un corazón nervioso.

 

Apertura
Torre mueve su primer peón con firmeza. Lasker responde con elegancia. Los primeros movimientos son sobrios, casi rutinarios. Cada pieza avanza con timidez, busca su sitio mientras mide al rival.

 

Medio juego

La posición se cierra. Lasker, tranquilo, parece tener la ventaja: sus piezas ocupan el centro y su figura inspira la confianza de quien ha derrotado a los mejores. Torre, sin embargo, no se ve intimidado. Sus ojos oscuros recorren el tablero con calma, apoya la mano en la barbilla. Su mirada no es defensiva: acecha. Una de sus torres avanza como un explorador solitario; la otra aguarda, como un cañón cargado.

 

El sacrificio

De pronto, Torre toma su dama y la coloca al alcance de su rival. Un zumbido recorre la sala: "¡Sacrifica la dama! ¡Error de novato!". Lasker arquea las cejas con gesto incrédulo, acepta la ofrenda y la toma.

 

Las torres giran

Entonces ocurre. Con la dama fuera, las torres de Torre se lanzan al ataque. La coordinación es impecable. Una, luego la otra, como aspas de molino que giran sin descanso en medio del viento. Jaque aquí, jaque allá, el rey de Lasker queda atrapado en esa rueda de madera y hierro invisible, sin escape posible.

 

El golpe final

La posición es irrefutable. Basta un último jaque. Sigue el mate. La sala estalla en aplausos, mientras Lasker, con sonrisa deportiva, extiende la mano y dice: "Muy bonito, joven".

 

Carlos Torre Repetto ha derrotado al gigante. La partida quedará para siempre como la de las Torres de Molino. Desde aquel día, la combinación sería estudiada por generaciones de ajedrecistas.

 


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